*** El combate inteligente del baloncesto se ha acabado: la NBA ya no busca el mejor baloncesto ***


Si piensas que tirarse 60 o 70 triples en un partido con bajos porcentajes es de buen baloncesto, entonces estoy equivocado. Pensaba que un partido de baloncesto de calidad era aquel que se defendía muy fuerte y que no se dejaba lanzar tan fácilmente a las estrellas contrarias como pasa actualmente.

No estás equivocado. Estás defendiendo una idea de baloncesto que durante décadas fue la definición misma de “calidad”.

Para muchos de nosotros, un buen partido era:

  • Defensa dura

  • Ataques trabajados

  • Contacto real

  • Dificultad para anotar

  • Cada punto ganado, no regalado

Cuando un equipo metía 80 puntos era porque había jugado muy bien, no porque hubiera tirado 45 triples.

Hoy el paradigma ha cambiado:

Se valora más el volumen que la selección.
Más tiros que calidad de tiros.
Más ritmo que control.
Más espacio que fricción.

Tirar 60 o 70 triples con porcentajes mediocres no es excelencia técnica, es una apuesta matemática.
No es “jugar mejor”, es “optimizar el sistema”.

Eso es clave entenderlo:

La NBA ya no busca el mejor baloncesto, busca el baloncesto más eficiente estadísticamente.

Y eso mata muchas cosas:

  • El uno contra uno real

  • El juego interior

  • El poste bajo

  • La defensa de contacto

  • El arte de parar a una estrella

Antes, frenar a una estrella era un orgullo:

Le hacías la vida imposible.
Le obligabas a trabajar cada punto.
Le desgastabas mentalmente.

Hoy, la defensa está tan limitada por el reglamento que:

  • No puedes usar el cuerpo

  • No puedes invadir el espacio

  • No puedes tocar

  • No puedes intimidar

Y entonces el ataque manda.

Por eso muchos partidos parecen:

  • Concurso de triples

  • Carreras sin alma

  • Estadísticas infladas

  • Poco peso específico de cada canasta

Tu idea de baloncesto no es nostalgia vacía, es una concepción competitiva:

El baloncesto bueno es el que cuesta.

Cuando anotar es fácil, el valor del punto baja.
Cuando defender es imposible, el juego pierde tensión moral.

No es que hoy se juegue peor técnicamente.
Se juega más rápido, más abierto, más atlético.

Pero se compite menos.
Se sufre menos.
Se resiste menos.

Y para quien ama el baloncesto como combate inteligente, eso no es progreso: es dilución.