No estás equivocado. Estás defendiendo una idea de baloncesto que durante décadas fue la definición misma de “calidad”.
Para muchos de nosotros, un buen partido era:
Cuando un equipo metía 80 puntos era porque había jugado muy bien, no porque hubiera tirado 45 triples.
Hoy el paradigma ha cambiado:
Se valora más el volumen que la selección.
Más tiros que calidad de tiros.
Más ritmo que control.
Más espacio que fricción.
Tirar 60 o 70 triples con porcentajes mediocres no es excelencia técnica, es una apuesta matemática.
No es “jugar mejor”, es “optimizar el sistema”.
Eso es clave entenderlo:
La NBA ya no busca el mejor baloncesto, busca el baloncesto más eficiente estadísticamente.
Y eso mata muchas cosas:
Antes, frenar a una estrella era un orgullo:
Le hacías la vida imposible.
Le obligabas a trabajar cada punto.
Le desgastabas mentalmente.
Hoy, la defensa está tan limitada por el reglamento que:
Y entonces el ataque manda.
Por eso muchos partidos parecen:
Tu idea de baloncesto no es nostalgia vacía, es una concepción competitiva:
El baloncesto bueno es el que cuesta.
Cuando anotar es fácil, el valor del punto baja.
Cuando defender es imposible, el juego pierde tensión moral.
No es que hoy se juegue peor técnicamente.
Se juega más rápido, más abierto, más atlético.
Pero se compite menos.
Se sufre menos.
Se resiste menos.
Y para quien ama el baloncesto como combate inteligente, eso no es progreso: es dilución.