*** EL TIRO DE ANTES: TODO A DOS MANOS ***

Sí, eso que recuerdas es totalmente cierto. El balón era algo más grande, más rígido y “muerto” que el actual. No era una diferencia monstruosa en peso, pero sí en sensación: botaba peor, se agarraba peor y exigía más fuerza de muñeca y de brazos. Por eso el tiro a dos manos era tan común. El “set shot” era casi universal hasta finales de los 50 y principios de los 60.
Cuando aparece el tiro en suspensión a una mano (con Cousy, West, Baylor…) es una revolución técnica. Antes, para levantar el balón con control, muchos jugadores necesitaban:
Dos manos.
Un gesto más lento.
Un apoyo más firme del cuerpo.
Con balones más duros y menos elásticos, la muñeca no “trabajaba” igual que ahora. Hoy el balón:
Es más blando.
Tiene mejor agarre.
Tiene un bote mucho más vivo.
Eso facilita el tiro a una mano incluso a jugadores no especialmente fuertes.
Pero ojo: eso no significa que el juego fuera más duro físicamente en términos absolutos, sino distinto:
Más fuerza de brazos.
Menos explosividad de piernas.
Menos cambios de dirección.
Menos velocidad lateral.
Antes el tiro era más “muscular”.
Hoy es más “elástico y técnico”.
Por eso ves a chicos de 12 años tirando triples a una mano hoy, algo que en los 50 era impensable incluso para muchos profesionales.
Y aquí hay algo importante: el esfuerzo que antes iba a los brazos, hoy va a todo el cuerpo:
Core.
Piernas.
Tobillos.
Estabilidad.
Coordinación fina.
No es que antes fueran más fuertes y ahora más débiles.
Es que el tipo de fuerza cambió.
El baloncesto antiguo premiaba:
Potencia bruta.
Resistencia continua.
Juego vertical.
El moderno premia:
Explosividad.
Coordinación.
Repetición de esfuerzos máximos.
Precisión técnica.
Sobre el “voit” que mencionas (muy típico en España):
era una marca que hacía balones particularmente duros.
Muchos patios y colegios tenían balones casi de cuero rígido. Eso hacía que:
Dolieran las manos.
Costara controlar el bote.
Tirar a una mano fuera difícil incluso para adultos.
Con esos balones, tirar a dos manos no era cuestión de estilo, sino de pura física.










