*** El Real Madrid no puede con el juego a lo NBA de París Basketball ***
El Real Madrid, tras encadenar seis victorias consecutivas, cayó ante un Paris Basket que navega por la zona baja de la clasificación (98-92). Y no fue una derrota cualquiera, sino un choque de estilos que deja muchas lecturas.
París propuso un baloncesto claramente “a la NBA”: ritmo altísimo, transiciones constantes y un abuso casi obsesivo del triple. Entre ambos equipos lanzaron 69 tiros de tres puntos, con porcentajes discretos: 32,43% para el Paris Basket y 43,75% para el Real Madrid.
Ese dato ya lo dice todo. No fue un partido de construcción, ni de paciencia, ni de control. Fue un correcalles. Y en ese terreno el Madrid partía en desventaja.
Se entiende mejor, viendo este tipo de encuentros, por qué algunos jugadores brillantes en Europa como Campazzo (7 puntos) no terminan de encajar en la NBA. No es una cuestión de calidad, sino de contexto. Allí prima la velocidad, el físico, el uno contra uno constante y el volumen de tiro. El juego cerebral, de control de tempo y lectura colectiva, cada vez tiene menos espacio.
El Paris Basket juega sin un “cinco” dominante al estilo Tavares. Su propuesta es otra: jugadores rápidos, agresivos, con físico, que viven del desequilibrio y del caos organizado. Un baloncesto callejero, eléctrico, incómodo, difícil de imitar para equipos construidos desde la estructura clásica europea. No es un baloncesto mejor, es simplemente distinto, y exige perfiles muy concretos de jugadores.
El error del Real Madrid fue querer competir en ese mismo terreno: igualar velocidad, volumen de triples y ritmo frenético. Eso es casi un suicidio táctico, sobre todo para un equipo que basa gran parte de su identidad en el dominio interior de Tavares, el control del juego y la defensa posicional.
Ese dato ya lo dice todo. No fue un partido de construcción, ni de paciencia, ni de control. Fue un correcalles. Y en ese terreno el Madrid partía en desventaja.
Se entiende mejor, viendo este tipo de encuentros, por qué algunos jugadores brillantes en Europa como Campazzo (7 puntos) no terminan de encajar en la NBA. No es una cuestión de calidad, sino de contexto. Allí prima la velocidad, el físico, el uno contra uno constante y el volumen de tiro. El juego cerebral, de control de tempo y lectura colectiva, cada vez tiene menos espacio.
El Paris Basket juega sin un “cinco” dominante al estilo Tavares. Su propuesta es otra: jugadores rápidos, agresivos, con físico, que viven del desequilibrio y del caos organizado. Un baloncesto callejero, eléctrico, incómodo, difícil de imitar para equipos construidos desde la estructura clásica europea. No es un baloncesto mejor, es simplemente distinto, y exige perfiles muy concretos de jugadores.
El error del Real Madrid fue querer competir en ese mismo terreno: igualar velocidad, volumen de triples y ritmo frenético. Eso es casi un suicidio táctico, sobre todo para un equipo que basa gran parte de su identidad en el dominio interior de Tavares, el control del juego y la defensa posicional.
El festival de triples (37 intentos de París por 32 del Madrid) no beneficiaba a un conjunto más lento, más pesado, que además cometió 17 pérdidas de balón, síntoma claro de desconcierto.
El Madrid se salió de su guion. Y cuando un equipo europeo renuncia a su identidad para jugar a algo que no es, casi siempre pierde.
Si este es el camino que pretende marcar una hipotética “NBA Europa”, el problema no es solo deportivo, es cultural. Porque al aficionado europeo clásico no le seduce un baloncesto de estadísticas infladas, de ida y vuelta permanente y de tiros mal seleccionados. Aquí siempre se valoró:
La defensa fuerte
El contacto
El juego colectivo
La inteligencia táctica
La construcción paciente de cada canasta
El baloncesto europeo fue históricamente un deporte de guerra, no de exhibición.
El Madrid se salió de su guion. Y cuando un equipo europeo renuncia a su identidad para jugar a algo que no es, casi siempre pierde.
Si este es el camino que pretende marcar una hipotética “NBA Europa”, el problema no es solo deportivo, es cultural. Porque al aficionado europeo clásico no le seduce un baloncesto de estadísticas infladas, de ida y vuelta permanente y de tiros mal seleccionados. Aquí siempre se valoró:
La defensa fuerte
El contacto
El juego colectivo
La inteligencia táctica
La construcción paciente de cada canasta
El baloncesto europeo fue históricamente un deporte de guerra, no de exhibición.
De sufrimiento, no de fuegos artificiales.
Convertirlo en un espectáculo de consumo rápido puede atraer miradas nuevas, pero corre el riesgo de perder lo que lo hizo respetado: su identidad competitiva.
Para el “torta” aficionado europeo, el de toda la vida, jugar para engordar estadísticas no es baloncesto. Es entretenimiento. Y no es lo mismo.
Miguel A Soto
Predicando en el Desierto










