*** A río revuelto, ganancias de la NBA: Europa en el punto de mira ***

El síntoma visible: cuando el dinero deja de llegar
El AS Mónaco Basket ha vuelto a poner en evidencia lo que muchos en el baloncesto europeo saben desde hace tiempo: el dinero no siempre llega a los jugadores. Según información del medio serbio Meridian Sport, los sueldos de los jugadores llevan semanas retrasados, y el equipo contempla seriamente una huelga si no se realizan pagos parciales antes del próximo partido.
No es un caso aislado ni anecdótico: otros clubes europeos han enfrentado problemas similares en temporadas recientes. La alarma no se genera por los resultados en pista, sino por la fragilidad financiera del sistema que permite que un equipo de élite llegue al borde del impago.
Cuando un club duda si pagar a sus jugadores, la pregunta deja de ser quién gana partidos, y pasa a ser quién puede sostener el sistema.
Una Euroliga que compite… perdiendo dinero
La Euroliga exige a sus clubes competir al máximo nivel, pero muchos lo hacen con economías de supervivencia. La mayoría de los equipos operan con pérdidas recurrentes, los ingresos televisivos son bajos y el reparto de ingresos centralizado casi inexistente.
Muchos clubes dependen de mecenas privados o del apoyo estatal para mantenerse a flote, un factor que condiciona decisiones deportivas y financieras. La exigencia de competir al más alto nivel con presupuestos limitados ha creado un ecosistema frágil y altamente desigual, donde los grandes sobreviven y los pequeños viven al límite.
La Euroliga exige nivel élite con economía de resistencia.
Fair Play financiero: control tardío, no prevención
El Fair Play financiero (FPF) de la Euroliga está diseñado para controlar el gasto y sancionar incumplimientos, pero llega tarde y no previene los problemas. Aunque existen niveles mínimos y referencias máximas de gasto, los clubes pueden superar estos límites a cambio de sanciones económicas o restricciones en fichajes.
El FPF protege más al sistema que a los jugadores: los retrasos salariales, impagos o problemas de liquidez se detectan cuando ya existe el daño, dejando a atletas y entrenadores desprotegidos.
El Fair Play financiero no evita la caída; solo multa después del golpe.
Clubes cansados, sistema agotado
Casos como el de ASVEL Villeurbanne, Crvena Zvezda o incluso clubes históricos como Alba Berlin muestran que el desgaste institucional es generalizado. Muchos directivos cuestionan públicamente la sostenibilidad del modelo, algunos clubes han contemplado incluso salir de la Euroliga por la presión financiera.
El sistema no falla solo en números, sino también en confianza: propietarios, directivos y jugadores sienten la presión de un modelo que no les respalda.
El problema ya no es puntual: es fatiga sistémica.
La NBA observa: por qué ahora y no antes
Es en este contexto donde la NBA pone los ojos en Europa. El continente ofrece un mercado enorme y mal monetizado, con clubes vulnerables y una base de aficionados fiel pero limitada en ingresos.
La NBA no llega a salvar nada: llega a reestructurar y redefinir el sistema según sus propias reglas, imponiendo modelos de liga-industria, control salarial y reparto centralizado de ingresos. Lo hace cuando puede imponer su modelo, no cuando todo funciona.
La NBA no entra cuando todo funciona, entra cuando puede imponer reglas.
¿Reacción o relevo? El futuro inmediato
El gran interrogante es qué pasará con la Euroliga y sus clubes históricos. ¿Será capaz la competición de reformarse a tiempo? ¿Aceptarán los clubes los cambios necesarios?
La fractura ya está en ciernes: mientras algunos equipos sobreviven al límite, la NBA observa y espera.
El baloncesto europeo no está muriendo, pero sí está decidiendo quién lo gobernará en los próximos años.
El baloncesto europeo no está muriendo, pero sí está decidiendo quién lo gobernará.
