*** ¿Hacemos deporte o hacemos negocio? ***
Porque cuando una franquicia mantiene a una estrella veterana como eje principal del proyecto, aun sabiendo que deportivamente limita sus opciones reales de título, la decisión ya no es técnica ni competitiva: es estratégica… y económica.
No es ilegítimo priorizar el negocio.
Lo que sí es peligroso es disfrazarlo de ambición deportiva.
La NBA vive de vender sueños, relatos y figuras. Pero los anillos no se ganan con nombres, se ganan con rendimiento, roles claros y decisiones valientes.
Y una de las más difíciles es aceptar que una estrella puede seguir siendo rentable… pero ya no determinante.
Cuando el pasado pesa más que el presente, el equipo deja de crecer.
Cuando el estatus manda más que el juego, el proyecto se estanca.
Y cuando el negocio se impone al deporte, el título deja de ser el objetivo real.
Quizá la pregunta correcta no sea a qué edad una estrella deja de ser productiva, sino cuántos equipos están dispuestos a sacrificar opciones reales de ganar por seguir explotando una marca.
Porque al final, la NBA tendrá siempre grandes estrellas.
Pero los campeones, casi siempre, son los que supieron elegir baloncesto antes que nostalgia.
Predicando en el Desierto
Miguel A Soto


