*** La cantera no se construye con cuotas, sino con oportunidades ***


Las cuotas por jugar al baloncesto me han hecho recordar una historia que nunca he olvidado.

Hace años me echaron como entrenador de un equipo cadete después de haber llevado a aquellos chavales hasta la fase final del Campeonato de España. El motivo no fue deportivo, sino defender que en mis equipos jugaban los mejores, no quienes podían pagarse cuotas o colegios de élite.

Antes de llegar a la final habíamos superado las semifinales nacionales y nos habíamos clasificado desde el sector andaluz de la categoría federada. Era la temporada 1990-91 y aquello fue un logro extraordinario.

Nuestro equipo estaba formado por jugadores de distintos centros escolares: El Pilar Marianistas, SAFA (Polígono San Benito) o La Salle Buen Pastor. 

Siempre tuve una idea muy clara: en mis equipos nadie pagaba cuotas, camisetas ni viajes por jugar al baloncesto. Jugaban quienes se lo ganaban con esfuerzo, compromiso y talento, no quienes podían permitírselo. En el deporte de cantera debían convivir chavales con más o menos recursos, porque el mérito no entiende de diferencias económicas.

Yo tampoco cobraba un solo euro por entrenar. A cambio, el colegio nos cedía el uso de su pabellón. Además, la mayoría de aquellos jugadores se habían formado allí, donde estuve seis años entrenando gratuitamente a sus alumnos.

Cuando regresamos de la fase final nacional, la organización nos había entregado unas camisetas conmemorativas y un premio de 100.000 pesetas por el resultado conseguido. Sin embargo, la asociación de padres decidió quedarse con ese dinero alegando que se destinaría a comprar material deportivo.

Poco después llegó la verdadera sorpresa.

Me dijeron: "Miguel, estas instalaciones son para alumnos del colegio. No pueden utilizarlas jugadores de otros centros. Si quieres seguir entrenando aquí, tendrás que hacerlo únicamente con estudiantes de este colegio."

Mi respuesta fue sencilla: no podía aceptar una decisión tan injusta, especialmente después de todo lo que aquel grupo había conseguido.

Al día siguiente ya no me permitieron entrar al colegio para entrenar. Tampoco pude seguir utilizando las instalaciones con los equipos de cantera del Club Juventud-Caja Jerez, del que era presidente y entrenador del primer equipo, el cual competía a nivel nacional representando a nuestra ciudad.

Los jugadores tampoco continuaron allí. Y, desde entonces, el Colegio La Salle Buen Pastor nunca volvió a tener baloncesto federado.

 



Nota: El equipo tuvo que desplazarse dos veces a Madrid y estar concentrado en un hotel 2 semanas (semifinales y finales), siendo la totalidad de los gastos sufragados por la Junta de Andalucía.




Predicando en el Desierto
Miguel A Soto