*** ¿Por qué hace tiempo que no entreno en el baloncesto amateur? ***

Hace poco me preguntaba la alcaldesa si seguía haciendo algo relacionado con el baloncesto. La respuesta fue sencilla: llevo más de dos temporadas sin entrenar a ningún equipo de categoría amateur.  

Y no es porque haya perdido la ilusión por entrenar. Todo lo contrario. El problema es que cada vez me cuesta más identificarme con el modelo de baloncesto de aficionados que se ha ido imponiendo.

Siempre he pensado que ningún chaval debería tener que pagar una cuota para poder jugar al baloncesto. Cuando un niño o una niña se queda fuera por motivos económicos, el deporte deja de ser una oportunidad para todos y pasa a convertirse en un privilegio para quienes pueden permitírselo.

Y es una verdadera pena, porque seguramente estamos dejando fuera a jóvenes con más talento, más ilusión y más ganas de aprender que otros que sí pueden acceder simplemente porque sus familias pueden asumir ese coste.

Durante todos estos años nunca he cobrado un euro por entrenar. Quienes me conocen saben que siempre lo he hecho por afición y porque disfruto enseñando baloncesto. Precisamente por eso no me siento cómodo entrenando en clubes donde los chavales pagan por jugar, mientras los entrenadores cobran y los primeros equipos se refuerzan con jugadores de fuera mediante sueldos o incentivos con el único objetivo de ganar partidos, como si se tratara de baloncesto profesional.

Cada uno es libre de organizar su club como considere oportuno, pero ese modelo no encaja con mi manera de entender el deporte de formación.

Por eso quiero decir algo muy claro. Si algún día un grupo de chavales pudiera jugar sin tener que pagar cuotas y quisiera que los entrenara, lo haría encantado y de forma totalmente gratuita. Es más, si fuera necesario, incluso ayudaría a financiar los gastos de la competición.

Puede que esté equivocado. Es solo mi forma de entender el baloncesto.

Creo que los minutos en la pista deben ganárselos quienes trabajan más, quienes entrenan mejor, quienes muestran más compromiso y quienes sienten verdadera pasión por este deporte. Nunca deberían depender de la capacidad económica de una familia ni de la presión que pueda existir porque alguien ha pagado una cuota.

Aclaro, además, que hablo exclusivamente del baloncesto amateur o de aficionados. No me refiero a los clubes profesionales, cuya realidad económica y deportiva es completamente distinta.

Quizá mi forma de pensar no sea la más popular, pero sigo creyendo que el baloncesto de base debería servir, ante todo, para formar personas y jugadores, no para convertir a las familias en la principal fuente de financiación del sistema.




Predicando en el Desierto
Miguel A Soto