1. Una renta y unos servicios que garanticen un suelo de dignidad
Si la productividad aumenta enormemente gracias a la IA pero el beneficio se concentra, puedes tener una ciudad tecnológicamente avanzada y, al mismo tiempo, gente viviendo peor.
Por eso habría que pensar en mecanismos como vivienda pública y asequible, energía básica garantizada, transporte barato, acceso universal a formación, espacios comunitarios y quizá nuevas fórmulas de renta básica o dividendos ciudadanos vinculados a la riqueza generada.
La cuestión sería: que nadie quede excluido de una vida digna porque el mercado laboral ya no necesite tantas personas.
2. Recuperar el valor de hacer cosas
Aquí Jerez tiene algo que muchas ciudades tecnológicas no tienen.
Cultura, artesanía, gastronomía, agricultura, caballo, música, fiestas, deporte, cuidado de personas, construcción, jardinería...
Muchas de esas actividades pueden no ser las más eficientes económicamente, pero pueden ser enormemente valiosas socialmente.
En 2035 quizá tenga más sentido preguntarnos:
“¿Qué merece la pena que hagan las personas?”
que:
“¿Qué trabajos puede crear el mercado?”
3. Una ciudad donde sea fácil pertenecer
La miseria que señalas no es únicamente económica.
Puede aparecer algo mucho más peligroso: sentirse inútil.
Si una persona ya no tiene un trabajo que le dé estructura, reconocimiento y relaciones sociales, puede tener dinero y aun así encontrarse completamente perdida.
Por eso Jerez necesitaría una enorme infraestructura de vida comunitaria: centros culturales, talleres, deporte, asociaciones, huertos urbanos, espacios para jóvenes y mayores, voluntariado, proyectos intergeneracionales, creación artística...
No como entretenimiento para desempleados, sino como instituciones de pertenencia y propósito.
4. La IA debería convertirse en infraestructura pública
En lugar de que cada ciudadano dependa de las grandes plataformas, imaginaría una especie de “IA pública de Jerez”:
-
tutor educativo personalizado;
-
orientación profesional;
-
asistencia administrativa;
-
acompañamiento a mayores;
-
traducción;
-
asesoramiento a autónomos;
-
acceso al conocimiento;
-
herramientas para pequeñas empresas;
-
apoyo a agricultores;
-
asistencia sanitaria preventiva.
La tecnología debería reducir la desigualdad de capacidades, no ampliarla.
5. Y entonces aparece una idea radical: reducir la centralidad del trabajo
Este es quizá el cambio más importante.
Durante 150 años hemos construido la ciudad alrededor de:
trabajo → salario → vivienda → consumo → estatus.
Si la IA rompe esa cadena, tendremos que construir otra:
recursos básicos → tiempo → comunidad → creación → aprendizaje → propósito.
Y eso obligaría a redefinir qué significa que Jerez sea una ciudad “próspera”.
No necesariamente una ciudad donde todo el mundo tenga empleo a tiempo completo.
Sino una ciudad donde nadie se sienta descartado.
Y aquí las tradiciones de Jerez pueden ser una ventaja inesperada
Precisamente aquello que parece más “antiguo” podría ser tremendamente moderno.
Una sociedad hiperautomatizada puede tener una necesidad creciente de experiencias humanas no automatizables.
Un niño aprendiendo a montar a caballo.
Una persona tocando la guitarra.
Un grupo cocinando juntos.
Un artesano haciendo algo con las manos.
Una peña flamenca.
Un huerto.
Una conversación en una plaza.
Una fiesta popular.
Cuidar de un abuelo.
Entrenar juntos.
Crear algo que una IA podría hacer, pero que queremos hacer nosotros.
Eso no es nostalgia.
Puede ser una infraestructura de salud mental y dignidad para una sociedad postindustrial.
Y ahí sí veo una idea potente para Jerez 2035:
Jerez no debería intentar convertirse en otra ciudad tecnológica. Podría convertirse en una ciudad experimental de la vida humana en la era de la IA.
Una ciudad que diga: “Sí, vamos a utilizar IA y automatización para producir muchísimo más. Pero precisamente por eso vamos a liberar tiempo humano y utilizarlo para vivir mejor.”
Eso sí sería un proyecto de ciudad bastante más ambicioso que simplemente poner más startups o más carriles bici.