LA ALAMEDA VIEJA DE JEREZ: DOS SIGLOS DE HISTORIA Y MEMORIA.



Una alameda mucho más antigua de lo que parece.

El origen del espacio está ligado directamente al Alcázar de Jerez. Durante siglos aquella zona fue conocida como los Llanos del Alcázar y estaba condicionada por los fosos y defensas de la fortaleza.

El gran cambio llegó con el corregidor José de Eguiluz, que tomó posesión en 1787. Ese mismo año consiguió autorización para invertir 45.000 reales en retirar los escombros que rodeaban el Alcázar. Se gastaron 30.000 y el resto, junto con otros 6.000 reales conseguidos posteriormente, se destinó a urbanizar el paseo. Se crearon jardines, arbolado, malecones, pilares y barandas, además de una caseta para el jardinero.

Hay incluso una fecha concreta que aparece en la documentación histórica: el 8 de septiembre de 1788 comenzó la obra del Paseo de la Alameda del Alcázar, después de rellenarse los antiguos fosos.

La ocupación francesa de 1810 supuso un importante retroceso: aquellos primeros jardines quedaron destruidos durante la Guerra de la Independencia. La recuperación tardaría más de veinte años.

¿Por qué se llamó Fortún de Torres?

Aquí hay un detalle muy interesante.

El espacio recibió distintos nombres. Primero fue Alameda del Alcázar, después simplemente Alameda y, por acuerdo municipal de 16 de julio de 1890, pasó a denominarse Alameda de Fortún de Torres. Algunas fuentes turísticas sitúan el cambio en 1903, pero la referencia histórica de Agustín Muñoz y Gómez, publicada en 1903, recoge expresamente el acuerdo municipal de 1890. Por tanto, 1890 parece la fecha documentalmente más sólida para la denominación oficial.

Fortún de Torres está relacionado con la defensa del Alcázar durante la rebelión mudéjar de 1261, después de la conquista castellana de Jerez.

Ahora bien, hay que separar historia y tradición. La famosa historia según la cual Fortún, después de que le cortaran brazos y piernas, habría mantenido el pendón real entre los dientes hasta morir, pertenece a la tradición legendaria jerezana. Las fuentes históricas no permiten demostrar que ocurriera exactamente así.

Por eso resulta más prudente decir que la Alameda recibió su nombre en memoria del defensor del Alcázar, sin presentar el episodio del pendón como un hecho históricamente probado.

La Alameda de comienzos del siglo XX: el gran paseo de Jerez

Aquí el relato que aportas encaja bastante bien con la documentación.

A comienzos del siglo XX la Alameda Vieja era mucho más que una simple zona ajardinada. Era uno de los grandes lugares de ocio, paseo y vida social de Jerez.

Una crónica de Juan de la Plata publicada en Diario de Jerez describe la Alameda de hace aproximadamente un siglo como la gran terraza de verano de la ciudad. Los jerezanos acudían allí especialmente durante las noches calurosas, aprovechando que era uno de los lugares más frescos de Jerez.

Y había espectáculos.

En el paseo principal llegó a instalarse el Cine de la Caridad, un cine de verano cuyos ingresos se destinaban a obras benéficas. También hubo proyecciones cinematográficas desde los primeros años del siglo XX, cuando Antonio de la Rosa instalaba allí un gran barracón para proyectar películas.

Por tanto, la imagen de una Alameda donde la gente iba a pasear, escuchar música, tomar el fresco y asistir a espectáculos está bien respaldada.

 


EL GRAN PASEO DE JEREZ

A comienzos del siglo XX la Alameda era mucho más que un jardín.

Era el gran paseo de los jerezanos.

Mucho más arbolada y ajardinada que en la actualidad, contaba con distintos paseos y con un templete donde se podía escuchar música en directo. Los domingos, días festivos y las noches de verano se convertía en uno de los principales lugares de encuentro de la ciudad.

Mi padre, trabajador de Domecq, conoció muy bien aquella Alameda y me transmitió cómo se vivía entonces.

Me hablaba de sus tres paseos: el central era el de los “señoritos”, las familias acomodadas y quienes realmente ocupaban las posiciones de mayor poder económico y social de aquel Jerez. Los dos laterales eran utilizados por trabajadores, visitantes y la gente corriente.

No hacía falta ninguna ordenanza que lo estableciera.

Aquella sociedad conocía perfectamente sus propias reglas y las respetaba.

El paseo era también un reflejo de la estructura social de la ciudad: allí se paseaba, se veía y se era visto. El propio espacio público mostraba quién era quién en aquel Jerez de bodegueros, propietarios, comerciantes y trabajadores.

MÚSICA, CINE Y ESPECTÁCULOS

La Alameda fue convirtiéndose poco a poco en un auténtico centro de ocio.

El templete acogía actuaciones musicales y la Banda Municipal de Jerez, creada en 1929 bajo la dirección de Germán Álvarez Beigbeder, formó parte de esa tradición musical de los espacios públicos.

También llegó el cine de verano, con instalaciones como el llamado Cine de la Caridad, cuyos beneficios se destinaban a obras benéficas.

La Alameda dejaba así de ser solamente un lugar para pasear.

Era también un lugar para escuchar música, ver cine y disfrutar de espectáculos.



LA ALAMEDA DE LA POSGUERRA

Después de la Guerra Civil, el espacio fue cambiando poco a poco.

Sin perder su carácter de paseo, comenzó a utilizarse cada vez más para actividades deportivas, espectáculos y acontecimientos populares.

Su paseo principal llegó a convertirse temporalmente en pista para distintas actividades deportivas, entre ellas el patinaje y el baloncesto.

Y aquí entra un pequeño recuerdo personal.

En 1965 o 1966, siendo juvenil de San José-La Salle, de la calle Porvera, fui seleccionado junto con mis compañeros Álvaro Lozano y Paco Núñez para participar en un partido de exhibición con un combinado de jugadores jerezanos.

Era uno de aquellos espectáculos deportivos de verano que llevaban a la Alameda una actividad completamente distinta de la que había tenido décadas atrás.

Y hay un detalle que resume perfectamente las condiciones de entonces:

no había vestuarios y tuvimos que cambiarnos dentro de una furgoneta.

Lo importante de aquel recuerdo no es el resultado del partido ni siquiera quién era exactamente el rival. Lo importante es que la Alameda, que había sido el gran paseo social de Jerez, se había convertido también en un espacio capaz de transformarse en una pista deportiva para reunir a numerosos aficionados.

EL BALONCESTO JEREZANO

Aquellos años fueron además importantes para el desarrollo del baloncesto en Jerez.

Jugadores como Salvador Martel, al que conozco personalmente, junto con los hermanos Murillo, Girón y muchos otros, formaron parte de aquella generación. El Jerez C.B. llegó a competir a nivel nacional y el baloncesto jerezano tuvo también una estrecha relación con los equipos de jugadores estadounidenses de las bases de Rota y Morón de la Frontera.

Aquellos enfrentamientos amistosos continuarían durante muchos años.

De hecho, décadas después, en 2017, tuve la oportunidad de entrenar a la Selección Jerezana en el partido celebrado en homenaje a Miguel Ángel Cabral, exjugador del Real Madrid.

Es decir, aquella tradición de utilizar el baloncesto como espectáculo y como punto de encuentro entre Jerez y los equipos estadounidenses no terminó en los años sesenta.



Y LA ALAMEDA SIGUIÓ CAMBIANDO

Con el paso del tiempo llegaron nuevos usos: mercadillos, actividades populares, fiestas, conciertos y acontecimientos culturales.

Y en 1981 se construyó el aparcamiento subterráneo bajo el paseo principal, una transformación que modificó considerablemente aquel espacio histórico.

La Alameda que hoy conocemos es, por tanto, muy diferente de aquella que conocieron nuestros padres y abuelos.

Pero hay algo que permanece.

Durante más de dos siglos ha sido un lugar de encuentro de los jerezanos.

Primero fue el paseo ajardinado junto al Alcázar.

Después, el paseo social de una ciudad profundamente jerarquizada.

Más tarde, lugar de música, cine y espectáculos.

Después, escenario de deporte, fiestas y actividades populares.

Y hoy continúa siendo un espacio cultural y ciudadano.

LA ALAMEDA COMO MEMORIA DE JEREZ

Quizá por eso la Alameda Vieja sea mucho más que un jardín situado junto al Alcázar.

Es un pequeño reflejo de la propia historia de Jerez.

En sus paseos se ve la sociedad de principios del siglo XX.

En su templete, la afición de los jerezanos por la música.

En su cine y sus veladas, la llegada de nuevas formas de ocio.

En aquella pista de baloncesto, la transformación de la Alameda en un espacio de espectáculo popular.

Y en sus usos actuales, la evolución de una ciudad que sigue buscando en este lugar un espacio para reunirse.

Esta historia también está hecha de recuerdos personales.

Mi padre, trabajador de Domecq, conoció aquella Alameda como parte de la vida cotidiana de su generación.

Y yo tuve la oportunidad, muchos años después, de vivirla desde una pista de baloncesto.

Dos generaciones, dos maneras de vivir el mismo lugar.

Pero una misma Alameda.

La Alameda Vieja.

La Alameda de Fortún de Torres.

La Alameda de los jerezanos.