JEREZ, LA CIUDAD DEL CABALLO.
Durante siglos hemos convivido con ellos, los hemos montado, entrenado y admirado. Pero la ciencia está descubriendo que detrás de esa aparente tranquilidad existe un animal con una capacidad de aprendizaje, memoria y percepción social mucho más sofisticada de lo que imaginábamos.
Los caballos pueden reconocer personas conocidas, interpretar determinadas expresiones y señales humanas, aprender mediante experiencias y recordar interacciones anteriores. También muestran comportamientos sociales complejos y diferentes respuestas emocionales que podemos observar a través de su conducta, postura y expresiones.
¿Y el famoso espejo?
Aquí la historia es todavía más interesante. Un estudio encontró comportamientos compatibles con el reconocimiento del propio cuerpo mediante un espejo, pero otros investigadores han cuestionado que aquello demuestre realmente autorreconocimiento. Por tanto, no podemos decir todavía que "el caballo se reconoce en el espejo" como un hecho demostrado.
Y quizá ésa sea precisamente la parte más fascinante:
Cuanto más estudiamos al caballo, menos sentido tiene considerarlo simplemente un animal que aprende a obedecer.
Aprende. Recuerda. Observa. Interpreta.
Y lleva miles de años intentando entendernos.
Jerez es la ciudad del caballo.
Quizá ahora nos toque a nosotros aprender a entender al caballo.
Comenzamos una pequeña serie sobre la inteligencia equina basada en investigaciones científicas.
