De Jerez 2002 a Jerez 2031: dos grandes oportunidades, un mismo problema. Ganar el acontecimiento y perder el legado.


La paradoja de Jerez 2002

La organización cerró inicialmente con unos 4 millones de euros de déficit y 12 millones de deuda con proveedores, mientras todavía esperaba cobrar patrocinios y derechos televisivos.

Y lo más grave no fue únicamente el agujero financiero.

Según reconstrucciones posteriores, una parte enorme del dinero se destinó a infraestructuras que no tuvieron continuidad suficiente. Se habla de unos 3 millones de euros en Garrapilos y de más de 6 millones en determinadas actuaciones vinculadas a Chapín y otras instalaciones. Buena parte de aquellas instalaciones acabaron infrautilizadas o abandonadas.

En 2006 el Ayuntamiento tuvo que liquidar 3,2 millones de euros pendientes a 240 acreedores, el 80% de ellos pequeñas empresas jerezanas.

Y ahí aparece una conexión extraordinariamente interesante con lo que acabamos de hablar de Jerez 2031.

¿Otro problema de “relato”?

Yo diría que sí, pero esta vez no fue un problema de relato ante Europa, sino de relato de legado.

Jerez consiguió organizar un acontecimiento mundial.

Consiguió que durante doce días la ciudad fuera capital mundial del caballo.

Pero no consiguió responder suficientemente bien a la pregunta:

¿Qué queda en Jerez cuando se apagan los focos?

Y eso es justamente lo que vuelve tan doloroso el caso.

Porque el evento tenía un potencial enorme para haber construido una industria ecuestre permanente: competición internacional, turismo especializado, formación, crianza, congresos, empleo, investigación, espectáculos, inversión privada y marca internacional.

Sin embargo, años después se denunciaba que buena parte de ese legado se había perdido y que instalaciones emblemáticas habían quedado en desuso.

Incluso Garrapilos, uno de los escenarios de 2002, permaneció abandonado durante años hasta que en 2025 se recuperó allí actividad deportiva ecuestre.

Y aquí veo un patrón

Hay una frase que podría unir Jerez 2002 y Jerez 2031:

Jerez ha demostrado repetidamente que sabe organizar grandes acontecimientos; su problema histórico ha sido convertir esos acontecimientos en proyectos de ciudad.

En 2002:

“Hagamos los Mundiales.”

La pregunta que faltó fue:

“¿Qué estructura económica, cultural y ecuestre vamos a dejar funcionando 10, 20 y 30 años después?”

En 2031:

“Hagamos la Capital Europea de la Cultura.”

La pregunta que debía dominar la candidatura era:

“¿Qué transformación cultural europea va a quedar en Jerez después de 2031?”