*** El cuento de la lechera: la formación en clubes modestos ***
Aplicar este enfoque de formación profunda y auténtica en clubes modestos es completamente posible, y de hecho, puede ser más efectivo que en clubes grandes, porque en estos entornos, la prioridad es formar bien a los jugadores en lugar de buscar resultados inmediatos o fama.
1. Establecer una Filosofía Clara de Formación
La clave en los clubes modestos es definir una filosofía de formación que sea coherente con los recursos disponibles. Debe haber un compromiso firme de los entrenadores, jugadores y padres para entender que el objetivo no es ganar ahora, sino formar a los jugadores para el futuro. Algunos puntos clave en esta filosofía serían:
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Desarrollo individual: El enfoque no debe ser en el equipo, sino en el jugador como individuo. ¿Qué necesita aprender? ¿En qué puede mejorar?
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Paciencia: Hay que dejar claro que el camino hacia el éxito es largo. No importa si se pierde un partido, lo importante es aprender de cada sesión.
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Fundamentos sólidos: En lugar de complicarse con sistemas tácticos avanzados, se debe poner todo el foco en los fundamentos: driblar, pasar, tirar, defender. Este trabajo repetitivo y consistente a largo plazo trae resultados.
En los clubes modestos, la motivación interna es vital porque los recursos no siempre son abundantes. Sin embargo, puedes generar un entorno que inspire a los jugadores a trabajar por su cuenta, fuera de los entrenamientos estructurados:
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Regalar un balón y zapatillas (como mencionabas anteriormente): Este es un gesto simbólico y práctico a la vez. El jugador tiene que sentir que el baloncesto es suyo, que no depende de los entrenamientos del club o de los partidos, sino de su propia voluntad de mejorar.
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Fomentar la práctica autónoma: Establecer un horario de entrenamiento individual. No hace falta que el club tenga instalaciones de lujo, pero puede fomentar que los chicos entrenen en la cancha del barrio o en el patio de la escuela.
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Involucrar a los padres: Los padres pueden jugar un papel importante en la motivación de los jugadores. Incentivar que los chicos entrenen en casa, por ejemplo, trabajando el tiro o el control del balón, con o sin ayuda de los padres.
Los entrenadores en clubes modestos deben ser más mentores que simplemente “entrenadores de equipo”. Deben estar dispuestos a invertir tiempo en los jugadores, incluso cuando no haya resultados inmediatos que lo justifiquen.
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Formación continua para los entrenadores: Aunque un club sea modesto, es fundamental que los entrenadores estén en constante formación. Cursos, seminarios, libros… cualquier recurso que les permita mejorar la forma en que entrenan a los jóvenes.
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Trabajo individualizado: Aunque el club no tenga muchos recursos, los entrenadores deben ser capaces de trabajar de forma individual con cada jugador. Esto implica sesiones donde se pueda trabajar específicamente en lo que cada jugador necesita mejorar, no solo en los aspectos grupales.
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Estimular la creatividad: Al igual que mencionamos antes, el entrenador debe permitir que el jugador explore y aprenda de sus propios errores. No se trata de seguir un sistema rígido, sino de enseñar a pensar el baloncesto.
A pesar de la falta de grandes instalaciones, muchos clubes modestos tienen recursos a su disposición que no explotan adecuadamente. Aquí hay algunas ideas:
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Espacios públicos: Las canchas de baloncesto en parques y colegios pueden ser perfectas para entrenar. Lo importante es usar estos espacios de manera constante y efectiva, incluso en horarios no convencionales.
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Equipos de trabajo pequeños: En lugar de tener grupos grandes, divídelo en grupos más pequeños para que cada jugador tenga más tiempo de trabajo personal y más contacto directo con el entrenador. Esto también puede ayudar a trabajar más de cerca en los fundamentos.
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Tecnología accesible: Usar apps gratuitas de análisis de vídeo o grabar partidos y entrenamientos puede ser útil para analizar y corregir detalles, aunque no haya grandes presupuestos para ello.
Los clubes modestos tienen un valor que a menudo se pierde en clubes más grandes: el sentimiento de pertenencia. Aquí, los jugadores pueden crecer y ser importantes en su comunidad. Fomentar una cultura de equipo es vital, pero también lo es entender que en la formación cada jugador es su propio proyecto. El club debe enfocarse en la evolución individual de cada jugador dentro de un marco colectivo.
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Competencia sana: En lugar de que los entrenamientos se basen solo en competir contra otros equipos, trabajar en competencias internas puede ser muy útil. Competencias de tiro, agilidad, uno contra uno, etc. Esto fomenta la autonomía.
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Desarrollar un sentimiento de orgullo local: Cuando el equipo o club no tiene los recursos de los grandes, el orgullo de pertenecer a un equipo humilde puede ser un factor de motivación increíble para los jóvenes.
En un club modesto, el objetivo no es ganar ahora, sino formar jugadores que, con el tiempo, tengan las herramientas para llegar a un nivel alto. Los entrenadores deben tener la paciencia para:
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Evitar presiones externas (familia, amigos, incluso directivos) sobre los resultados inmediatos.
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Evaluar el progreso individual sin importar si se ganaron o perdieron partidos, sino en los fundamentos que ha mejorado cada jugador.
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Establecer metas a largo plazo: en lugar de metas de temporada, fijar objetivos más amplios como desarrollar el tiro o mejorar la defensa individual.
Formar jugadores de baloncesto para el más alto nivel en clubes modestos es posible si seguimos un enfoque realista, estructurado y basado en los principios del baloncesto auténtico. Al final, lo más importante es trabajar los fundamentos, crear un ambiente donde los jugadores se sientan motivados, y darles las herramientas necesarias para que puedan crecer por su cuenta.
El baloncesto de alto nivel no lo crean los sistemas ni las canchas lujosas, lo crean los jugadores que aman el juego, que están dispuestos a trabajar por su cuenta, a fallar y aprender. Y todo eso, en cualquier parte del mundo, se puede lograr con un balón, unas zapatillas y un entrenador comprometido.
Este enfoque también puede adaptarse a otros niveles de formación, desde escuelas hasta academias, pero siempre con el compromiso a largo plazo de que cada jugador tiene el potencial de llegar tan lejos como su dedicación le permita.

Si, pero... lo más importante es la base: eligir a los que valen para este deporte y no a los que pagan cuotas, y si los padres ven el baloncesto como un hobby del tiempo libre de sus hijos tampoco vale, aquí el problema son los padres.
No es nada fácil la cosa ha cambiado mucho, en los 80/90 los chavales eran más libres, no pagaban cuotas y los centros escolares estaban abiertos al deporte. Hoy todo es negocio y "postureo" en los medios digitales, si estuviésemos en Africa o en países subdesarrollados sería bien distinto y tus explicaciones serían de gran valor.
Tienes razón en todo lo que mencionas, y creo que lo que estás tocando es el verdadero corazón del problema actual. El baloncesto, como deporte de formación, ha sido subyugado por el negocio y la cultura del “postureo” en muchos países, y lamentablemente, eso se refleja en la forma en que se enseña, se selecciona y se valora el talento.
En realidad, lo que estás observando es un cambio radical en la forma en que los jóvenes se acercan al deporte, y más aún en cómo lo perciben los padres.
El contexto que describes está lleno de contradicciones, y es difícil encontrar una respuesta única, pero vamos a analizarlo a fondo.
1. ¿Elegir a los que valen o a los que pagan?El dilema de los clubes: ¿Seleccionamos jugadores basándonos en su talento, motivación y potencial, o simplemente buscamos el dinero de las cuotas? Hoy, muchos clubes caen en la tentación de aceptar a todos los chicos que pagan (incluso si no tienen la aptitud física o el deseo genuino de competir), ya que las cuotas son la principal fuente de ingresos. Esto diluye la calidad de la formación, ya que los entrenadores se ven obligados a atender a todos, sin importar sus capacidades o motivación.
¿Es esto un problema? Claro. En muchos clubes, los entrenadores no pueden centrarse en los verdaderos talentos porque hay demasiados jugadores que no están comprometidos, pero pagan. El talento puro, como dices, no está en la mayoría de los niños, está en los que realmente tienen aptitudes, pasión y dedicación.
¿Qué hacer?
Filtrar más a fondo a los jugadores: Si un club quiere ser serio, debe encontrar maneras de seleccionar a los jugadores con base real. Esto puede ser complicado por el tema de las cuotas, pero si el club se enfoca en la calidad y no en la cantidad, la calidad se verá reflejada en el futuro.
Enseñar a los padres lo que realmente importa: Muchas veces los padres no saben lo que realmente requiere un deporte como el baloncesto. Los entrenadores tienen que ser educadores, y educar a los padres es parte del proceso. Si no entienden que el baloncesto no es solo "diversión", sino un deporte de dedicación, trabajo duro y competencia, todo el sistema se ve afectado.
Lo que dices sobre los padres es otra gran barrera para el desarrollo genuino de los jugadores. Los padres hoy tienden a ver el deporte como una actividad extraescolar, un simple “hobby” donde la imagen es más importante que el esfuerzo real. Están más interesados en ver a su hijo destacado en redes sociales que en verlo formarse como jugador de verdad, y el "postureo" se ha convertido en la norma.
Lo que pasa:
Los padres que ven al deporte solo como un hobby presionan para que sus hijos jueguen sin importar el nivel de compromiso. Esto significa que los entrenadores a menudo tienen que lidiar con niños desmotivados, mientras que los verdaderos talentos se ven apagados por la falta de una cultura competitiva.
Muchos padres también exigen que su hijo tenga un rol destacado, sin importar si está preparado para ello. Esto distorsiona la visión del trabajo a largo plazo y promueve un entorno donde el espectáculo es más importante que la formación real.
¿Cómo se puede cambiar esto?
Educar a los padres: Los entrenadores deben trabajar directamente con los padres, explicándoles el valor real de la formación y lo que realmente significa formar un jugador de baloncesto. Hay que dejar claro que no se trata solo de ganar, sino de proceso, perseverancia y desarrollo personal.
Crear una cultura de compromiso: Si un club quiere atraer jugadores comprometidos, debe exigir a los padres y jugadores que estén dispuestos a trabajar. Esto no solo es un trabajo de selección, sino también de creación de expectativas.
En los años 80/90, como bien mencionas, los jóvenes eran más libres. Jugaban en la calle, en los parques y en la escuela, sin el yugo de exámenes deportivos o programas formales que ven hoy en día. El baloncesto era un juego más que un negocio. Los chicos se comprometían por pasión, sin tanta presión externa.
Hoy, sin embargo, el sistema educativo y los clubes deportivos se han convertido en espacios de competencia y control, no de libertad creativa. Los entrenadores están presionados por los resultados y por una sociedad que exige éxito inmediato. En lugar de dejar que los jugadores se expresen y cometan errores, los presionamos para que se adapten a sistemas rígidos. La espontaneidad y el disfrute del juego se han perdido.
¿Qué hacer con este cambio?
Fomentar la libertad dentro de la estructura: Aunque el baloncesto es un deporte estructurado, se debe fomentar la creatividad dentro de la disciplina. Los jugadores deben sentir que pueden probar cosas nuevas, equivocarse y aprender de sus fallos. Esto se puede lograr mediante entrenamientos más dinámicos, donde se permita la improvisación en situaciones de juego.
Crear espacios fuera del club: Fomentar que los jóvenes jueguen baloncesto por diversión, sin reglas estrictas, puede ser vital. Los entrenadores deben promover actividades informales, donde los chicos puedan jugar por el simple gusto de hacerlo, sin la presión de demostrar su talento en cada jugada.
En países como África o naciones subdesarrolladas, el baloncesto es una salida. Los chicos se entregan completamente a ese deporte, no porque busquen fama, sino porque es su única vía de mejora personal y, en muchos casos, su oportunidad de progreso social. El talento y la pasión emergen en condiciones difíciles, y a menudo sin recursos. En estos lugares, el baloncesto es puro, no está contaminado por el negocio.
Si estuviéramos en un lugar así, donde el baloncesto es la única opción, veríamos a chicos entrenando todos los días en las calles, sin mirar su “imagen” ni buscando que les paguen una cuota. Estarían allí porque les apasiona el juego, porque quieren superarse y trabajar duro.
Conclusión: ¿Hacia dónde vamos?El baloncesto de hoy se enfrenta a una encrucijada entre la comercialización y la formación auténtica. Las presiones externas —ya sea el negocio de las cuotas, el postureo en redes sociales o la visión distorsionada de los padres— afectan el verdadero desarrollo de los jóvenes.
En un club serio, la filosofía debe ser clara:
Buscar a los jugadores comprometidos, no a los que pagan.
Educar a los padres sobre lo que realmente significa formar a un jugador.
Crear un entorno donde el trabajo, la pasión y la perseverancia sean lo más importante, sin que los resultados inmediatos interfieran en el proceso.
El camino no es fácil, pero si priorizamos el verdadero amor por el baloncesto, la dedicación personal y la formación integral, el futuro de los jugadores será mucho más brillante, y los resultados, tanto dentro como fuera de la cancha, llegarán por sí solos.

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