*** Miseria llama miseria: demasiado hacen los clubes de aficionados en este país ***
¿Donde están esos entrenadores ? hoy nadie trabaja por "amor al arte" todos quieren ganar dinero por entrenar a los chicos. Además, se les paga en negro miserias y la vida para ellos tampoco es fácil. La decadencia de todo esto la tiene las autoridades deportivas y las políticas que siguen de apoyar a los clubes profesionales y no a los clubes amateur de aficionados como debieran, quienes demasiado hacen por sobrevivir y competir en competiciones oficiales.
Lo que mencionas es la verdadera realidad de muchos clubes y entrenadores en el baloncesto hoy en día. La decadencia y falta de apoyo real a los clubes de base y los centros escolares sin ánimo de lucro son problemas enormes, y has dado en el clavo al señalar que las autoridades deportivas, en muchos casos, están más enfocadas en los intereses comerciales que en el verdadero desarrollo del deporte.
La situación de los entrenadores también es grave: no solo se enfrentan a una falta de recursos y de condiciones laborales, sino también a una falta de reconocimiento profesional que va en detrimento de la formación de calidad que los chicos realmente necesitan.
1. ¿Dónde están esos entrenadores formados y comprometidos?La triste realidad es que el mercado de entrenadores está saturado de personas que no tienen la preparación ni la vocación adecuada, y muchas veces se les da la responsabilidad de formar a los jóvenes sin tener las herramientas ni el conocimiento necesario.
¿Por qué ocurre esto?
Falta de formación continua: Muchos entrenadores no tienen acceso a cursos de formación avanzada. En muchos casos, los entrenadores son exjugadores amateurs que buscan una forma de ganar dinero extra, pero no tienen la base pedagógica ni la capacidad para enseñar baloncesto a los jóvenes de manera profesional.
Condiciones laborales precarias: Como bien dices, se les paga en negro y en condiciones miserables, lo que contribuye a la desmotivación de muchos entrenadores que, a pesar de su amor por el baloncesto, no pueden vivir dignamente de su trabajo. Esto repercute directamente en la calidad del entrenamiento que pueden ofrecer a los jugadores.
Escasez de vocación verdadera: El baloncesto, como muchos deportes, necesita entrenadores que sean pedagogos y formadores, pero en muchos casos, se ha convertido en un oficio para quienes lo ven como un "trabajo rápido" sin comprensión real de los valores que debería inculcar en los jóvenes.
¿Cómo solucionar esto?
Apoyo a la formación continua de entrenadores, con becas y subvenciones para que puedan acceder a programas de educación que les capaciten correctamente para enseñar baloncesto, especialmente a nivel base.
Crear una red de entrenadores cualificados dentro de las comunidades locales. Si los entrenadores se sienten parte de una comunidad profesional, aunque sea pequeña, esto puede elevar su nivel de compromiso y su motivación para seguir aprendiendo.
Establecer remuneraciones justas que reflejen la responsabilidad y el trabajo de los entrenadores. Los clubes y federaciones deben reconocer la importancia del rol del entrenador y pagarles de acuerdo a la labor que realizan, independientemente del tamaño del club.
La falta de apoyo institucional a los clubes sin ánimo de lucro es una de las mayores barreras para que el baloncesto de base se desarrolle de forma sostenible. Las autoridades deportivas y las políticas públicas siguen centradas en los clubes profesionales, mientras que los clubes locales, las escuelas y las ligas menores deben luchar por sobrevivir. Esto es una auténtica injusticia para quienes realmente están invirtiendo su tiempo y dinero en los jóvenes de sus comunidades.
¿Por qué esto sucede?
Intereses comerciales: Los clubes profesionales son el foco de la atención porque mueven dinero, publicidad y medios de comunicación. Los gobiernos y las federaciones prefieren apoyar a los equipos que generan ingresos directos, sin entender que el verdadero futuro del baloncesto está en las canteras locales.
Falta de políticas públicas de apoyo a la base: Las instituciones públicas, en general, no destinan fondos suficientes a las escuelas deportivas, los clubes modestos o las ligas de base. El dinero parece estar más enfocado en fomentar el espectáculo que en fomentar el trabajo formativo.
Falta de conciencia social: No se le da valor al hecho de que los clubes de base son los que desarrollan talento, no solo en el baloncesto, sino en todos los deportes. Estos clubes no solo están contribuyendo al deporte, sino también a la formación personal de los jóvenes.
¿Cómo solucionarlo?
Reivindicar el valor social del deporte: Es esencial que haya un movimiento de base que recuerde a las autoridades que el baloncesto no solo es un espectáculo, sino que es un vehículo de desarrollo social. Los clubes sin ánimo de lucro, los entrenadores formadores y las escuelas deportivas son la base de todo.
Subvenciones e incentivos fiscales para clubes locales: Las autoridades deportivas deben establecer subvenciones directas y beneficios fiscales para los clubes sin ánimo de lucro. Esto les permitiría mejorar sus instalaciones, pagar mejor a los entrenadores y, lo más importante, mantener el acceso libre o asequible al deporte para todos los jóvenes.
Involucrar a la sociedad: Padres, jugadores y clubes deben organizarse y formar una red de apoyo para presionar a las autoridades locales y nacionales a que prioricen el deporte formativo. Si conseguimos que las comunidades valoren realmente el baloncesto como una herramienta de educación y desarrollo, será más fácil exigir que se les dé más recursos y visibilidad.
La cultura del postureo es otro gran problema. Como bien mencionas, hoy en día hay una presión por mostrar a los niños en redes sociales, hacerlos "famosos" y mostrar que son jugadores de baloncesto sin tener realmente la vocación ni el talento necesario. Esto es el resultado de un entorno mediático que ha convertido al deporte en un espectáculo de consumo, no en una actividad educativa.
¿Cómo contrarrestarlo?
Reforzar los valores del deporte: Los entrenadores y clubes deben promover una cultura de compromiso, esfuerzo y trabajo en equipo, y enseñar a los padres y jugadores que el verdadero valor del baloncesto no está en las redes sociales ni en los “likes”, sino en crecer como persona y como jugador.
Crear una cultura deportiva no basada en el éxito instantáneo: Hay que educar a los chicos a que el baloncesto no es un atajo a la fama, sino un proceso largo que requiere dedicación y sacrificio.
Lo que está pasando hoy en día con el baloncesto de base es un reflejo de una sociedad que está más enfocada en el beneficio rápido y superficial que en el trabajo profundo y constante.
La clave de todo esto está en cambiar el enfoque de las políticas deportivas, y para eso es necesario que los entrenadores, los clubes y las familias se unan para reivindicar la importancia de la formación verdadera.
El sistema no es perfecto, pero la pasión por el baloncesto y la dedicación de aquellos que realmente aman este deporte seguirán siendo la base para crear una nueva generación de jugadores que, aunque no siempre tengan los recursos de los grandes clubes, sí tendrán los valores y las bases necesarias para llegar lejos.
Totalmente de acuerdo. La frase "la miseria llama a la miseria" es muy acertada en este contexto porque refleja, con crudeza, cómo el fracaso del sistema educativo y deportivo está interconectado, y cómo esa falta de recursos y apoyo afecta a los jóvenes, los entrenadores y, en última instancia, al deporte en general.
Si realmente queremos que el baloncesto de base crezca y se desarrolle, los centros educativos y las universidades deben ser los primeros responsables de la formación de los jóvenes. Y esto no se trata solo de hacer "baloncesto de pasarela" o de poner un poco más de tiempo en la asignatura de deportes. Hablo de un trabajo serio y estructurado que forme jugadores competentes y, lo más importante, personas con valores.
1. La Base del Baloncesto Debe Estar en los Centros EscolaresNo se puede empezar el camino del baloncesto solo cuando un niño llega a una cantera profesional. Si los jóvenes no aprenden bien los fundamentos, los valores y la cultura del baloncesto desde temprana edad en la escuela, nunca van a alcanzar el nivel necesario para competir de manera profesional.
En países como EE.UU., Serbia o Francia, los centros educativos juegan un papel crucial en la formación de los jugadores. En estos lugares, el deporte no es un complemento o un “hobby”, sino una parte integral del sistema educativo. Los chicos no solo aprenden matemáticas y lengua, sino también disciplina, trabajo en equipo y perseverancia a través del deporte, en este caso, el baloncesto.
¿Qué falla en muchos países?
El baloncesto es marginalizado en las escuelas, a menudo relegado a un hobby secundario, sin la estructura ni la profundidad que debería tener.
Las universidades no ofrecen un apoyo real a los deportistas jóvenes. En cambio, en países como EE.UU., los programas universitarios de baloncesto son fundamentales para el desarrollo de los atletas. Son el escaparate natural para el baloncesto, no solo a nivel competitivo, sino a nivel formativo.
Las infraestructuras y los recursos destinados a la formación de jóvenes atletas en muchas escuelas son insuficientes.
¿Cómo aplicar esto?
Desarrollar programas de baloncesto sólidos en las escuelas. Crear una estructura curricular que combine entrenamiento técnico, físico y mental.
Incentivar la práctica del baloncesto en las universidades, ofreciendo becas deportivas y programas de desarrollo. La formación universitaria debe ser el siguiente paso para aquellos que se destacan, y no solo para unos pocos elegidos.
Crear competiciones escolares y universitarias bien estructuradas, que permitan a los jóvenes probarse en un entorno competitivo, pero de desarrollo y aprendizaje. Estas ligas deben estar enfocadas en el progreso individual y no solo en el resultado.
El baloncesto en muchos clubes modestos y canteras no profesionales se enfrenta a la realidad de la economía sumergida. Esto significa que los clubes y entrenadores deben trabajar en condiciones que no permiten el verdadero desarrollo. El dinero no fluye de manera adecuada, y lo que es peor, los entrenadores y jugadores no están siendo remunerados de manera justa por el esfuerzo que están invirtiendo en la formación. Esto perpetúa un ciclo de miseria, donde la falta de recursos genera falta de motivación, lo que a su vez lleva a resultados pobres.
¿Qué significa esto?
Los entrenadores a menudo no reciben el pago adecuado por su trabajo. Además, en muchos casos, no tienen acceso a formación continua o recursos para mejorar su nivel, lo que impacta directamente en la calidad del entrenamiento que ofrecen a los jóvenes.
Los clubes no pueden contratar profesionales con experiencia o invertir en infraestructuras de calidad porque viven con presupuestos reducidos y, a menudo, dependen de donaciones o el dinero de los padres para sobrevivir.
Los jóvenes no tienen las mismas oportunidades para desarrollarse como lo harían en otros países donde el baloncesto tiene apoyo institucional y recursos adecuados.
¿Cómo combatir esto?
Apoyo a los clubes sin ánimo de lucro: Las autoridades locales y nacionales deben ofrecer subvenciones y apoyo institucional a los clubes de base. Esto permitiría mejorar las instalaciones, contratar entrenadores cualificados y ofrecer una formación de calidad.
Regulación y formalización de los pagos: Se deben regular los pagos de los entrenadores, para que el trabajo en la cantera y en los clubes no se haga bajo condiciones de precariedad. Además, debe existir una política de incentivos para los entrenadores que se forman continuamente.
Colaboraciones público-privadas: Crear alianzas con empresas privadas o patrocinadores para que inviertan en las bases y en el desarrollo del deporte. Si las empresas realmente se comprometen, podrían destinar fondos para la formación de los jóvenes, mejorando las infraestructuras y la calidad del baloncesto.
La falta de motivación es otro gran problema que enfrentan los jóvenes que quieren dedicarse al baloncesto en muchos clubes. Si no tienen el apoyo suficiente, tanto de las instituciones como de su entorno, simplemente pierden las ganas de seguir. Los jóvenes hoy en día se ven bombardeados por la cultura de la inmediatez y el postureo en redes sociales, lo que desmotiva a los que realmente quieren trabajar duro para mejorar.
En cambio, en países como Serbia, Francia y EE. UU., los jóvenes saben que el trabajo duro se recompensa y que, aunque no haya fama ni dinero al principio, pueden lograr grandes cosas si siguen entrenando y mejorando cada día.
¿Cómo mejorar la motivación?
Crear una cultura de esfuerzo y perseverancia en los clubes y las escuelas. La motivación debe venir desde la base, y los entrenadores y educadores tienen que ser los primeros en dar ejemplo.
Fomentar el deporte como una herramienta de desarrollo personal, no solo como una vía para ser famoso o llegar a la NBA. Es importante que los jóvenes entiendan que el baloncesto les va a enseñar más que solo habilidades deportivas: les va a enseñar disciplina, trabajo en equipo y superación personal.
Premiar el esfuerzo, no solo el talento natural. Los clubes deben enfocarse en dar oportunidades a los jóvenes que, aunque no sean los más dotados físicamente, demuestren esfuerzo y compromiso.
Lo que propones es crucial: las bases deben trabajarse en las escuelas y universidades, no en canteras que dependen de una economía precaria y de la economía sumergida. La falta de recursos no puede ser una excusa para no formar jugadores de alto nivel. Si las instituciones no invierten en los jóvenes deportistas, el baloncesto solo podrá desarrollarse en nichos muy pequeños.
Para cambiar esto, se necesitan políticas públicas que respalden a los clubes y centros educativos, y que incentiven la creación de programas formativos de baloncesto desde la base, sin importar el dinero que se pueda generar a través del espectáculo. Solo así el deporte dejará de ser una actividad marginal y se convertirá en una herramienta de desarrollo social real.
Este cambio de mentalidad debe venir desde arriba, pero también desde abajo: los entrenadores, padres, clubes y comunidades tienen que unirse para presionar por una verdadera reforma que apoye el baloncesto como un deporte para todos, no solo para los que tienen los recursos para pagarlo.
