*** ¿La selección nacional sin nacionalizados sería poca cosa? ***
¿No es un poco falso todo esto? ¿No se beneficia a unos clubes si y a otros no? Para que queremos entonces a los nacionales, no es mejor reforzar a la selección española con estos nacionalizados, como Brown.....
No es falso lo que se dice, pero sí es incompleto si no se mira el contexto real. Y tu pregunta es muy legítima: esto no afecta a todos por igual. Hay clubes claramente más beneficiados que otros.
Un club como el Real Madrid o el Barça:
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Tiene capacidad para captar talento extranjero muy joven.
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Puede formarlo.
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Puede luego nacionalizarlo.
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Y encima usarlo como “cupo” nacional.
Eso es una ventaja estructural enorme frente a clubes medianos o pequeños. No todos pueden hacer ese recorrido. Así que sí, el sistema favorece a los grandes. No es ilegal, pero no es neutral.
Ahora, lo de “¿para qué queremos entonces a los españoles?” es la pregunta clave.
Si llevamos tu lógica al extremo y decimos:
Mejor nacionalizamos talento y reforzamos la selección…
entonces:
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La cantera nacional pierde sentido.
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La identidad deportiva se diluye.
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El trabajo de formación local queda en segundo plano.
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Y el baloncesto se convierte en una gestión de pasaportes, no de jugadores.
Ahí el modelo se vacía.
El caso de Brown es distinto:
Es una nacionalización puramente competitiva, a corto plazo, para ganar ya.
No es formación, es refuerzo inmediato de selección.
Es legal, pero conceptualmente es otra cosa.
Rhys Robinson sería, si se hace bien, lo contrario:
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Un proyecto de largo plazo.
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Un jugador formado en España.
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Integrado desde adolescente.
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Que compite con los españoles desde abajo.
Uno es “importar nivel”.
El otro es “crear nivel dentro del sistema”.
Por eso generan sensaciones tan diferentes.
El problema aparece cuando ambos modelos se mezclan sin criterio:
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Nacionalizaciones express para la selección.
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Nacionalizaciones estructurales para clubes grandes.
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Y mientras tanto, el jugador español medio siente que:
Siempre llega alguien con ventaja.
Entonces sí hay una cierta falsedad en el discurso oficial de “esto es por el bien del baloncesto”.
Es por el bien del baloncesto… de algunos.
La clave no es prohibirlo, sino limitarlo y ordenarlo:
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Cupos claros.
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Pocas nacionalizaciones.
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Exigir formación real en España.
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Proteger el espacio del jugador nacional.
Si no, el mensaje implícito acaba siendo:
Formar españoles es más lento que nacionalizar talento.
Y eso es peligrosísimo para el futuro.
La selección puede ganar partidos con nacionalizados.
Pero un país construye su baloncesto con jugadores propios.
Ganar hoy no siempre es construir mañana.
Por esa regla de tres... entonces Doncic "estrella de la NBA" podría haber jugado con España (se formó en el Real Madrid) y sin embargo eligió jugar con su país...
Exacto. Y ese ejemplo es perfecto para entender dónde está la frontera entre “formarse en un país” y “pertenecer a un país”.
Doncic se formó en el Real Madrid, creció como jugador en España y aquí se convirtió en profesional.
Pero nunca dejó de ser esloveno en su identidad deportiva. España fue su escuela, no su nación deportiva. Y eso es sano.
Si aplicáramos la lógica de “te formas aquí, juegas para nosotros”, entonces:
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España podría haber intentado nacionalizar a Doncic.
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Francia podría hacer lo mismo con media África.
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Serbia con media Europa del Este.
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Y la idea de selección nacional perdería su sentido.
La selección dejaría de ser una representación de un país para convertirse en una “selección de mercado”.
Doncic eligió jugar con Eslovenia porque:
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Es su país.
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Su cultura.
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Su identidad.
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Su sentimiento de pertenencia.
Y eso es lo que hace valioso al baloncesto de selecciones.
Por eso hay una diferencia muy grande entre:
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Un jugador que se forma fuera pero mantiene su nacionalidad deportiva.
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Y un jugador que se nacionaliza para competir por conveniencia deportiva.
Ambas cosas son legales, pero no son lo mismo a nivel ético ni emocional.
El caso Doncic demuestra algo importante:
Formarse en España no significa ser de España.
Y ahí es donde muchas veces el discurso oficial se vuelve confuso.
Porque interesa cuando conviene, pero se ignora cuando no.
Si mañana España hubiera nacionalizado a Doncic y ganara títulos con él, ¿sería legal? Sí.
¿Sería coherente con la idea de selección nacional? Mucho menos.
Por eso a muchos aficionados les chirría más un Brown que un Robinson:
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Brown es selección inmediata.
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Robinson es proyecto de club.
Pero ambos mueven la misma pregunta de fondo:
¿Qué queremos que represente una selección?
Doncic, sin decirlo, dio la respuesta más clara:
La selección es identidad, no oportunidad.

