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*** Nacionalizados: la solución rápida del baloncesto moderno ***

El futuro del baloncesto español está de enhorabuena. La FEB nacionalizará a Rhys Robinson (2010), jugador americano del Real Madrid y una de las grandes perlas de la cantera blanca, por carta de naturaleza. ¿Esto es bueno o malo para los nacionales? El Real Madrid desde hace épocas se ha mantenido arriba, muchas veces gracias a los nacionalizados: Wayne Brabender, Clifford Luyk..

No es ni blanco ni negro. Para el baloncesto español es una noticia potente, pero para el jugador nacional siempre es un arma de doble filo.

La “carta de naturaleza” no se da porque sí: se concede cuando el Estado considera que ese deportista tiene un interés especial para el país. En ese sentido, la FEB está protegiendo talento que ya se está formando dentro de su sistema. Rhys Robinson no llega con 22 años hecho, llega con 14-15, se educa en España y crece aquí como jugador. Eso cambia bastante el debate.

Ahora bien, desde el punto de vista del jugador español, el riesgo existe:

  • Un nacionalizado ocupa un espacio de selección.

  • Compite directamente con el talento local.

  • Aumenta la exigencia para llegar arriba.

Pero eso no siempre es negativo.

Históricamente, España ha sabido integrar muy bien a los nacionalizados:

  • Wayne Brabender

  • Clifford Luyk

  • Serge Ibaka

  • Nikola Mirotić

No “taparon” talento: elevaron el nivel general. Obligan a los nacionales a mejorar y hacen que la selección sea más competitiva.

El Real Madrid es el mejor ejemplo de que esto no es nuevo. Su grandeza siempre fue una mezcla de:

  • Formación propia.

  • Talento nacional.

  • Nacionalizados clave.

  • Extranjeros determinantes.

Brabender y Luyk no debilitaron al baloncesto español: lo hicieron más fuerte y más profesional. Ayudaron a crear cultura ganadora y exigencia.

El verdadero problema no es la nacionalización, sino si:

  • Se usa para tapar fallos de formación.

  • Se convierte en una vía fácil para no apostar por la cantera local.

  • Se abusa del recurso.

Pero si el jugador:

  • Llega joven,

  • Se forma aquí,

  • Compite en igualdad,

  • Siente el proyecto deportivo,

entonces deja de ser “un americano nacionalizado” y pasa a ser “un jugador formado en España.

Ahí cambia todo.

Para los nacionales el mensaje es duro, pero sano:

Ya no basta con ser bueno. Hay que ser mejor.

El deporte de élite no es un reparto de plazas por pasaporte, es por rendimiento.

Así que en resumen:

Para la FEB:  

✔ Refuerza el futuro competitivo.
✔ Protege un talento que ya está dentro del sistema.

Para los jugadores nacionales:

⚠ Más competencia.
⚠ Más presión.
Pero también más nivel, más profesionalismo y más exigencia.

Y para el baloncesto español, históricamente:

Cuando integró bien a los nacionalizados, creció.
Cuando los usó como atajo, se estancó.

Todo depende de cómo se gestione.