*** El futuro del jugador alto: moverse mejor y más rápido ***
A lo largo de los años como entrenador, trabajando con muchos jugadores altos, he ido sacando una conclusión bastante clara: cuando un joven por encima de los dos metros es capaz de correr bien la pista y además tiene buena mano, su margen de crecimiento es muy alto. Especialmente si su desarrollo físico ha sido trabajado desde etapas tempranas, porque eso no solo le da ventaja en fuerza y resistencia, sino también en coordinación, estabilidad articular y carácter competitivo.
Hace décadas, cuando hablábamos de jugadores altos, nos referíamos a perfiles por encima de los dos metros que, en muchos casos, estaban limitados por su movilidad.
Recuerdo perfectamente a un entrenador americano que me dijo: “En tu país tenéis muchos jugadores altos, pero son lentos”. Aquella frase me hizo reflexionar mucho sobre el enfoque del entrenamiento en España durante los años 80 y 90.
Se refería a:
- Roberto Dueñas (2,21 m): Aunque su impacto principal fue a finales de los 90 y principios de los 2000, debutó en la selección en la segunda mitad de los 90, siendo uno de los pívots más altos de la historia del baloncesto español.
- Ferrán Martínez (2,12 m): Pívot internacional clave a finales de los 80 y durante los 90, participando en el EuroBasket 1989-1990 y consolidándose como un interior dominante.
- Enrique Andreu (2,11 m): Pívot fijo en las convocatorias de la selección nacional durante gran parte de los años 90, destacando por su presencia física.
- Fernando Romay (2,13 m): Uno de los pívots más icónicos de los años 80, pieza fundamental en la defensa y el rebote de la selección que consiguió la plata olímpica en 1984.
- Juan Antonio Orenga (2,06 m): Ala-pívot/Pívot internacional habitual durante los años 90, conocido por su inteligencia táctica y capacidad de pase.
- Fernando Martín (2,06 m): Aunque no era el más alto, fue la gran referencia interior en los 80, destacado por su intensidad, velocidad y capacidad de intimidación, siendo el primer español en jugar en la NBA.
- Andrés Jiménez (2,05 m): Alero alto/Ala-pívot clave de la "Generación de Plata", fundamental en la medalla de plata de Los Ángeles 1984.
Hoy el baloncesto ha cambiado radicalmente. El juego es mucho más rápido, más dinámico, casi un ida y vuelta constante. En este contexto, la velocidad ya no es un complemento: es una necesidad básica.
Por eso, los jugadores altos no solo deben trabajar el tiro exterior o los fundamentos técnicos, sino también desarrollar la velocidad de desplazamiento y reacción, casi como si fueran velocistas.
He llegado a tener jugadores de dos metros capaces de correr más rápido que bases o aleros, y eso no es casualidad. A mayor desarrollo físico bien trabajado, mayor potencial de velocidad. De ahí la importancia creciente del trabajo en gimnasio y de una preparación física específica desde edades tempranas.
En definitiva, el futuro del jugador alto pasa por romper con el estereotipo clásico: ya no basta con medir más, hay que moverse mejor, más rápido y pensar el juego a mayor velocidad. Ahí está la verdadera diferencia.
Predicando en el Desierto
Miguel A Soto





