GIF LOCALES

*** 🏀 Memorias de un hombre de baloncesto : Capítulo 3 — Aprender desde el banquillo ***


Los comienzos rara vez son brillantes.

Después de descubrir el baloncesto y entrar a formar parte del equipo del colegio, llegó la realidad: aprender un deporte nuevo no era tan sencillo como parecía. Especialmente cuando otros compañeros avanzaban más rápido y uno todavía intentaba comprender los fundamentos básicos.

Mi primer año fue, sin duda, el más difícil.

Tuve que empezar desde cero. Aprender a botar correctamente, a pasar sin perder el balón, a defender sin cometer faltas innecesarias y, sobre todo, a entender un juego completamente distinto al fútbol que había practicado durante toda mi infancia.

Durante muchos partidos mi lugar estuvo en el banquillo.

Jugaba poco o casi nada. Observaba más de lo que participaba. Mientras otros compañeros acumulaban minutos, yo esperaba mi oportunidad sentado, atento a cada movimiento dentro de la pista. Para algunos aquello habría sido motivo de desánimo, pero curiosamente a mí no me afectaba demasiado.

Yo quería aprender.

Nunca falté a un entrenamiento. Daba igual que hiciera frío o que la lluvia apareciera sin avisar. Las canchas eran descubiertas y muchas tardes terminábamos empapados, pero nadie pensaba en suspender. Entrenar formaba parte del compromiso que habíamos adquirido.

Venía del fútbol callejero, de caídas sobre el asfalto y partidos interminables, así que el esfuerzo físico no era un problema. Estaba fuerte y acostumbrado a competir. Lo único que necesitaba era tiempo.

Poco a poco fui comprendiendo algo importante: desde el banquillo también se aprende. Observaba cómo se movían los compañeros más experimentados, cómo reaccionaba el entrenador ante cada situación y cómo pequeños detalles marcaban la diferencia en el juego.

Sin darme cuenta, estaba construyendo paciencia.

Hoy sé que aquel periodo fue fundamental. Aprendí a respetar los procesos, a aceptar mi papel dentro del equipo y a entender que mejorar no siempre significa jugar más, sino trabajar mejor.

El entrenador apenas decía nada, pero empezaba a fijarse en quienes nunca faltaban, en quienes seguían esforzándose aunque no fueran protagonistas.

Y un día, casi sin avisar, llegó mi oportunidad.

Aún no imaginaba que una simple jugada cambiaría mi manera de entender el baloncesto para siempre.