GIF LOCALES

*** 🏀 Memorias de un hombre de baloncesto: Capítulo 1 — Cuando todo era fútbol ***


Antes de que el baloncesto entrara en mi vida, todo era fútbol.

Crecí en una época en la que los niños no necesitábamos mucho para ser felices. No había internet, ni videojuegos, ni televisión durante horas. Nuestro mundo estaba en la calle, y bastaba una pelota para llenar las tardes enteras.

Jugábamos donde se podía. En el colegio, en plazas o en calles donde los coches aparcados hacían de porterías improvisadas. Los partidos empezaban sin árbitro, sin camisetas y sin reloj, y terminaban únicamente cuando anochecía o alguna madre llamaba desde un balcón anunciando el final del día.

Entonces todos jugábamos al fútbol. Era el deporte natural, el único que conocíamos realmente. El baloncesto apenas existía en nuestro entorno y nadie imaginaba que pudiera convertirse en algo importante.

Yo disfrutaba especialmente jugando. Tenía resistencia, velocidad y muchas ganas de competir. Pasaba horas corriendo detrás del balón sin notar el cansancio. Sin saberlo, aquellos años estaban formando mi carácter deportivo: esfuerzo, dureza y constancia.

El deporte no era una actividad organizada como hoy; era simplemente parte de la vida.

Caerse formaba parte del juego. Levantarse también.

Aquella infancia entre partidos interminables me enseñó algo que después entendería mejor con los años: que el deporte no empieza en las competiciones, sino en la ilusión de jugar por jugar.

Durante mucho tiempo pensé que mi camino estaría siempre ligado al fútbol. De hecho, muchos años después aún me recordarían como mejor futbolista que jugador de baloncesto.

Pero el destino deportivo a veces aparece sin avisar.

Y alrededor de los trece años, en un patio de colegio, apareció un balón distinto que cambiaría mi vida para siempre.