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🏀 Memorias de un hombre de baloncesto : Capítulo 4 — La lección del pase


A veces, una sola frase puede quedarse contigo toda la vida.

Después de muchos entrenamientos y de pasar largos partidos observando desde el banquillo, el entrenador comenzó poco a poco a darme algunos minutos en los encuentros de liga federada. No eran muchos, pero para mí significaban una oportunidad enorme.

Jugaba normalmente de base, una posición que exigía pensar rápido y tomar decisiones constantes. Todavía estaba aprendiendo, intentando no cometer errores y, sobre todo, tratando de demostrar que podía aportar algo al equipo.

Hasta que llegó aquella jugada.

Fue durante un contraataque. Recuperamos el balón y salimos rápido hacia la canasta rival. Yo conducía el ataque y, al acercarnos, vi cómo uno de nuestros aleros corría solo hacia el aro. En lugar de intentar finalizar yo mismo, le di el pase en el momento justo.

Canasta.

Una acción aparentemente sencilla, una más dentro del partido. Sin embargo, inmediatamente escuché la voz del entrenador desde la banda decir en alto:

"El mérito no es del que ha conseguido la canasta, sino de Miguel, que le ha dado el pase."

Aquellas palabras me sorprendieron. Nunca había pensado en el juego de esa manera. Hasta entonces, como muchos jóvenes jugadores, creía que lo importante era anotar, destacar o ser quien terminaba la jugada.

Ese día entendí algo distinto.

Comprendí que el baloncesto no trata solo de meter puntos, sino de hacer mejores a los compañeros. Que muchas veces la jugada decisiva no es la más visible, sino la que permite que otro brille.

Aquella frase cambió mi forma de jugar.

Empecé a mirar más la pista, a pensar en el equipo antes que en mí mismo. Descubrí el valor de asistir, de organizar, de generar juego. Curiosamente, cuanto más jugaba para los demás, mejor empezaban a salir también mis propios partidos.

Seguía teniendo un buen tiro exterior y anotaba con cierta regularidad, pero ya no era lo principal. Lo importante era que el equipo funcionara.

Sin saberlo, estaba encontrando mi sitio dentro del baloncesto.

El entrenador había visto algo antes que yo mismo: que un base no solo dirige el balón, sino también el espíritu del equipo.

Y a partir de entonces, todo empezó a cambiar.

Porque la confianza, cuando llega, suele traer nuevas responsabilidades… y también nuevos retos.