*** 🏀 Memorias de un hombre de baloncesto : Capítulo 7 — La Selección de Jerez ***
Hay momentos en la vida deportiva que uno no espera, y precisamente por eso se recuerdan con mayor intensidad.
Después de la gran temporada con San José La Salle y de nuestra participación en el sector andaluz, el baloncesto empezaba a abrirme puertas que poco tiempo antes ni siquiera imaginaba. Yo seguía considerándome un jugador en aprendizaje, alguien que había llegado tarde a este deporte y que aún tenía mucho que mejorar.
Por eso, cuando surgió la convocatoria para formar parte de la Selección Absoluta de Jerez, la sorpresa fue enorme.
Ser elegido entre jugadores de mayor edad y experiencia suponía algo especial. Ya no se trataba solo de representar a un colegio o a un equipo concreto, sino a toda una ciudad. Aquello imponía respeto, pero también una enorme ilusión.
Recuerdo especialmente el torneo disputado en la Alameda Vieja, un escenario muy conocido para el deporte jerezano. Allí nos enfrentamos a equipos sénior procedentes de distintas poblaciones, con jugadores mucho más hechos física y tácticamente.
El ritmo de juego era distinto. Más duro, más rápido y más exigente. Cada posesión requería concentración absoluta y cada error se pagaba caro. Para un jugador joven como yo, aquello fue una auténtica escuela acelerada.
Sin embargo, lejos de sentirme fuera de lugar, aquella experiencia reforzó mi confianza. Competir contra jugadores veteranos obligaba a pensar más rápido, a cuidar cada pase y a entender mejor el juego colectivo.
Además del torneo, disputamos partidos amistosos contra equipos de gran nivel, como el Bazán de San Fernando o el conjunto de los Hermanos Filipinos, que competía en Segunda División Nacional. Enfrentarse a rivales de esa categoría era todo un desafío y, al mismo tiempo, una oportunidad única para seguir creciendo.
Fue entonces cuando empecé a comprender que el baloncesto podía llevarte mucho más lejos de lo que uno imagina cuando comienza en un patio de colegio.
Aquellas experiencias marcaron un antes y un después. Dejé de verme únicamente como un jugador juvenil y empecé a sentir que podía competir en categorías superiores.
Y no tardaría mucho en llegar el siguiente paso.
Porque pronto recibiría la oportunidad de incorporarme al baloncesto sénior, entrando definitivamente en el mundo de la competición nacional.


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