Valencia basket (ACB) tendrán que jugar el domingo ante Kosner Baskonia, el miércoles el quinto partido ante Panathinaikos y el jueves ante Casademont Zaragoza, ya que la ACB no está por la labor de reprogramar los partidos, como si ocurre en Grecia y en otros países de Europa. Valencia basket ha amenazado con jugar frente a Baskonia con su equipo sub-23. ¿Es ello comprensible o utilizan el "aquí mando yo" como si su competición fuese más importante que la Euroliga?
La postura de Valencia Basket es bastante comprensible desde el punto de vista deportivo y físico. Jugar domingo–miércoles–jueves, con un quinto partido de playoff de EuroLeague en medio y además desplazamientos, es una carga muy poco habitual al máximo nivel. En la práctica supone disputar tres partidos de altísima exigencia en cinco días, dos de ellos consecutivos. Cualquier entrenador te dirá que eso compromete recuperación, preparación táctica y riesgo de lesiones.
Ahora bien, la otra parte del debate también existe: la Liga ACB defiende desde hace años que su calendario no puede quedar constantemente subordinado a la Euroliga. El problema de fondo es estructural:
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La Euroliga organiza su calendario de forma bastante autónoma.
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Las ligas nacionales tienen compromisos televisivos, pabellones reservados y jornadas unificadas.
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No existe una autoridad única en Europa que coordine ambos calendarios de manera eficiente.
En Grecia, Turquía o Italia sí se ven más aplazamientos o flexibilidad cuando un club está inmerso en playoffs europeos. España históricamente ha sido más rígida con eso.
Parte de la explicación es que la ACB intenta proteger la igualdad competitiva: si empieza a mover partidos para unos clubes sí y otros no, se genera un efecto dominó sobre toda la competición.
La amenaza de Valencia Basket de jugar con el sub-23 ante Saski Baskonia parece más una medida de presión política que una intención definitiva. Pero transmite un mensaje claro: “si queréis que representemos al baloncesto español al máximo nivel europeo, necesitáis darnos margen”. Y en eso no están solos; muchos clubes Euroliga piensan parecido.
¿Está actuando la ACB con un “aquí mando yo”?
En parte sí, porque está reafirmando su autoridad sobre el calendario nacional. Pero también es verdad que la Euroliga lleva años expandiendo partidos y fechas sin coordinarse demasiado con las ligas domésticas. El choque de poderes viene de ahí.
Mi impresión es que ambas partes tienen parte de razón:
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Valencia tiene motivos deportivos sólidos para protestar.
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La ACB tiene motivos organizativos y de precedentes para no ceder fácilmente.
El verdadero problema probablemente no es este caso concreto, sino la falta de coordinación crónica entre competiciones europeas y nacionales.