*** Wenyen Gabriel habla abiertamente sobre su trayectoria desde refugiado hasta jugador de la NBA: Solo un capítulo de tu historia ***











Wenyen Gabriel ha vivido una trayectoria que une el baloncesto, la resiliencia y la esperanza. Nacido en Sudán del Sur y obligado a huir de su hogar siendo un bebé, el exjugador de la NBA reconstruyó su vida en Estados Unidos antes de alcanzar el máximo nivel del baloncesto y convertirse en una de las voces más reconocidas de este deporte en defensa de las comunidades desplazadas.

En una entrevista, Wenyen Gabriel habló sobre su regreso a Sudán del Sur, su experiencia como refugiado, los sacrificios realizados por su familia y su misión como el primer jugador de baloncesto nombrado Embajador de Buena Voluntad del ACNUR.

Hoy, Gabriel utiliza la plataforma que le brindó el baloncesto para visibilizar los desafíos que enfrentan millones de refugiados y desplazados, al tiempo que defiende un mensaje que refleja su propia historia: el futuro de una persona no debe estar definido por el lugar donde nació ni por las circunstancias que la obligaron a abandonar su hogar.

“Regresar me conecta más profundamente con mi país y con mi propia historia. Crecí viendo lo mucho que trabajaban mis padres, teniendo dos e incluso tres trabajos a la vez, y cuánto valoraban la seguridad y las oportunidades que encontrábamos.”

Wenyen Gabriel recuerda los sacrificios que marcaron su trayectoria.

Wenyen Gabriel admite que regresar a Sudán del Sur le produce una mezcla de emociones, ya que le permite reconectar con los orígenes de la historia de su familia.

Cada vez que regreso, me siento bienvenido y sigo descubriendo nuevas facetas de Sudán del Sur. Pienso a menudo en todo lo que mis padres tuvieron que pasar, en los sacrificios que hicieron y en el valor que necesitaron para reconstruir sus vidas en otro país.

El exjugador de la NBA explicó que conocer a refugiados y familias desplazadas ha reforzado su deseo de crear oportunidades para personas que se enfrentan a circunstancias similares a las que vivió su propia familia.

“Cuando me reúno con refugiados y familias desplazadas, veo personas que se enfrentan a circunstancias extremadamente difíciles y que siguen luchando por construir un hogar, enviar a sus hijos a la escuela y crear un futuro.”

“Psicológicamente, fue una de las situaciones más difíciles que he vivido”.

Si bien el baloncesto llevó a Gabriel a lugares que jamás imaginó, nunca olvidó el camino que lo hizo posible. Este joven originario de Sudán del Sur agradece a sus padres por haberle brindado las bases para perseguir sus sueños después de que ellos se vieran obligados a empezar de cero en otro país.

“A veces me cuesta asimilarlo del todo, porque el baloncesto me ha llevado a lugares que jamás imaginé. Pero siempre pienso en mis padres y en el ejemplo que me dieron.”

Gabriel admitió que la experiencia de reconstruir su vida después de verse obligado a abandonar Sudán del Sur fue emocionalmente difícil, especialmente al reflexionar sobre todo lo que su familia había sufrido.

“Cuando eres joven y recibes noticias así, el impacto es enorme. Psicológicamente, fue una de las situaciones más difíciles que he vivido.”

Wenyen Gabriel quiere que los jóvenes refugiados crean en un futuro diferente.

Durante su visita a Sudán del Sur , Gabriel conoció a niños cuyas vidas ya habían sido marcadas por el conflicto y el desplazamiento.

Un encuentro en particular le marcó: el de una niña de ocho años que había huido de Sudán con su madre y soñaba con ser médica.

“Después de todo lo que había vivido, aún conservaba la esperanza. Me dijo que quería ir a la universidad y convertirse en médica.”

Para Wenyen Gabriel, ese momento representó el potencial que existe entre los jóvenes afectados por circunstancias difíciles.

A estos jóvenes no les falta ambición ni capacidad. Lo que necesitan es seguridad, educación y la oportunidad de perseguir sus metas.”

El baloncesto como fuente de esperanza más allá de la cancha.

Gabriel cree que el baloncesto puede ofrecer mucho más que entretenimiento. Para las comunidades afectadas por la adversidad, el deporte puede crear vínculos, disciplina y un sentido de pertenencia. Esa fue la motivación para abrir una cancha de baloncesto en el campamento de refugiados de Doro.

“El deporte puede aportar alegría, disciplina y estabilidad a la vida de un joven. Te enseña que el esfuerzo da sus frutos, pero también cómo trabajar con los demás y formar parte de un equipo.”

Miles de personas asistieron a la inauguración de la cancha, y muchos niños participaron en actividades organizadas en torno al baloncesto.

“No todos los que juegan en esa cancha se convertirán en atletas profesionales, pero la confianza, las amistades y el sentimiento de pertenencia que pueden forjar allí pueden acompañarlos toda la vida.”

“Ser refugiado debería ser solo un capítulo de tu vida”.

El mensaje de Gabriel a los niños desplazados se basa en la misma creencia que ha guiado su propio camino: las circunstancias no definen el futuro de una persona.

Ser refugiado debería ser solo un capítulo de tu vida, nunca el final de tu historia. Tus circunstancias no definen quién eres ni todo lo que puedes llegar a ser. Sigue creyendo en ti mismo, aprovecha cada oportunidad que se te presente y nunca dejes de imaginar un futuro mejor.