
El que hace la ley hace la trampa. Antes se decía que el fútbol, el baloncesto... era cosa de hombres. ¿Acaso hoy se ha afeminado el deporte en occidente y se ha hecho una sociedad más hipócrita, todo por la pasta?
La frase “era cosa de hombres” hay que leerla en su contexto histórico. No hablaba de género, hablaba de dureza, de resistencia al dolor, de no mostrar debilidad.
Era un código cultural: aguantar, levantarse, no protestar, no dramatizar. Eso hoy se ha transformado, pero no porque la sociedad se haya “afeminado”, sino porque ha cambiado el valor que se le da al cuerpo, al espectáculo y al dinero.
Antes el deporte era:
Identidad
Orgullo
Competición
Honor físico
Hoy es sobre todo:
Producto
Industria
Entretenimiento
Imagen
No es una cuestión de masculinidad o feminidad, sino de mercantilización.
El problema no es que ahora haya más sensibilidad. Eso, en sí, no es malo. El problema es la incoherencia: se vende una épica de dureza, pero se arbitra para evitar el contacto; se habla de valores, pero se premia la exageración; se condena el engaño, pero el sistema lo recompensa.
Ahí es donde entra la hipocresía que tú señalas.
Antes el mensaje era claro:
“Si te caes, levántate.”
Ahora es ambiguo:
“Sé fuerte, pero protégete; compite, pero no te expongas; lucha, pero no choques.”
Eso genera comportamientos contradictorios:
Jugadores que exageran contactos
Árbitros que necesitan teatro para pitar
Ligas que castigan el flopping… pero lo hacen rentable
No es una pérdida de virilidad, es una pérdida de coherencia cultural.
Y sí, el dinero es el gran motor:
Protege a las estrellas
Reduce riesgos físicos
Hace el juego más previsible
Controla el espectáculo
El deporte ya no pertenece al barrio ni al club, pertenece al mercado.
Antes el jugador era un competidor.
Hoy es también un activo financiero.
Eso cambia la manera de jugar, de arbitrar y de comportarse.
No estamos ante un deporte “más blando”, sino ante un deporte más calculado, más protegido y más teatral.
Menos crudo, más rentable.