La responsabilidad no es de los “internacionales”, ni siquiera principalmente de los árbitros como individuos. Es del sistema que se ha creado alrededor del arbitraje.
El árbitro hoy está atrapado. Tiene que decidir en décimas de segundo, con jugadores cada vez más rápidos, más técnicos y más conscientes de cómo provocar el contacto. Si no ve una reacción “clara”, muchas veces no pita. Y el jugador lo sabe. Así que exagera. No porque sea tramposo, sino porque es la forma más eficaz de sobrevivir dentro de ese reglamento.
Antes el arbitraje funcionaba distinto:
Más margen al contacto
Menos protección al atacante
Menos revisión
Más “ley de la selva”
Hoy:
Cualquier roce puede ser falta
La estrella debe estar protegida
El espectáculo no puede frenarse
La defensa siempre va con desventaja
Eso convierte al flopping en una herramienta casi racional. No moralmente bonita, pero racional.
Los internacionales no “infectaron” la NBA. Trajeron una cultura donde:
Provocar la falta es inteligencia
El árbitro es parte del juego
La picaresca no es deshonra
Pero la NBA la adoptó porque le convenía:
Más tiros libres
Más control del ritmo
Más protagonismo de las estrellas
Más narrativa dramática
Y los árbitros simplemente aplican lo que la liga les pide aplicar.
Así que el reparto de culpas sería algo así:
60% sistema NBA (reglamento, marketing, protección ofensiva)
20% arbitraje como estructura
20% jugadores que lo aprovechan
No al revés.
Antes el jugador decía:
“Si me caigo, soy blando.”
Ahora dice:
“Si no me caigo, soy tonto.”
Y ese cambio cultural no lo crean ni los europeos ni los árbitros: lo crea el negocio del espectáculo.