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*** 🏀 Memorias de un hombre de baloncesto : Capítulo 6 — Campeones provinciales ***

  
Hay temporadas que se recuerdan toda la vida.

Después de pasar de suplente a titular, nuestro equipo comenzó a funcionar de una manera especial. 

Ya no éramos solo un grupo de jóvenes aprendiendo un deporte nuevo; empezábamos a sentirnos realmente como un equipo.

Entrenábamos con ilusión y también con una creciente sensación de responsabilidad. Cada partido importaba, cada entrenamiento tenía sentido y poco a poco fuimos descubriendo que podíamos competir contra cualquiera.

Aquel año jugábamos la liga juvenil provincial representando a San José La Salle. No partíamos como favoritos, pero teníamos algo que muchas veces resulta decisivo: compañerismo y ganas de superarnos.

Los partidos se vivían con intensidad. Las canchas llenas de familiares y amigos, los desplazamientos, los nervios antes de empezar… todo formaba parte de una experiencia nueva para nosotros. Cada victoria reforzaba nuestra confianza y cada dificultad nos unía más.

Yo ya desempeñaba plenamente mi papel como base. Intentaba ordenar el juego, repartir balones y mantener el equilibrio del equipo en los momentos complicados. Había aprendido que dirigir no consistía en destacar individualmente, sino en conseguir que todos rindieran mejor.

La temporada avanzaba y empezamos a darnos cuenta de que algo importante podía suceder.

Y sucedió.

Nos proclamamos campeones provinciales.

Aquel logro fue mucho más que un título. Para muchos de nosotros significaba la confirmación de que el esfuerzo de años —los entrenamientos bajo la lluvia, las horas aprendiendo desde el banquillo y la constancia diaria— habían merecido la pena.

Pero la aventura no terminaba ahí.

El campeonato nos dio acceso a disputar el sector andaluz en Córdoba, donde íbamos a enfrentarnos a los mejores equipos juveniles de toda Andalucía. Para unos jóvenes que apenas unos años antes no sabíamos ni botar correctamente un balón, aquello parecía casi increíble.

El viaje, la convivencia y la sensación de representar a nuestra ciudad quedaron grabados para siempre en mi memoria. Más allá de los resultados, empezábamos a comprender la verdadera dimensión del deporte: viajar, competir, compartir experiencias y crecer juntos.

El baloncesto dejaba de ser solo un juego escolar.

Se estaba convirtiendo en algo mucho más serio.

Y muy pronto llegarían nuevas oportunidades que jamás habría imaginado, porque el siguiente paso sería vestir la camiseta de la Selección de Jerez.