*** El control del baloncesto europeo: una misma pasión, dos gigantes ***
Lo que la Euroliga debería pensar es que ya no hay más gallinas como la de la NBA para el baloncesto, si quieren ganar dinero en vez de perder años tras años, jugar al futuro de las adivinanzas no me parece prudente y, menos aún, para este deporte en Europa con la economía por los suelos.
Estoy bastante de acuerdo con el núcleo de tu razonamiento: cuando tienes delante a un socio capaz de aportar capital, proyección internacional y una capacidad comercial que difícilmente puedes replicar por tu cuenta, rechazarlo exige demostrar muy bien por qué el camino en solitario va a generar más valor.
Y en el caso del baloncesto europeo hay una circunstancia que hace tu argumento especialmente relevante: el tiempo también cuesta dinero.
Cada temporada que pasa sin mejorar sustancialmente los ingresos, los clubes siguen teniendo que pagar plantillas, desplazamientos, instalaciones y estructuras deportivas. Si los ingresos no crecen al mismo ritmo, los propietarios deben cubrir la diferencia. Y no hay garantía de que dentro de cinco años la oportunidad de asociarse con la NBA siga existiendo en las mismas condiciones.
La Euroliga puede tener un gran producto deportivo. Lo que está por demostrar es que pueda convertirlo en un negocio suficientemente rentable sin ayuda de un socio de esa dimensión.
Hay un dato que refuerza tu argumento
La propia Euroliga ha anunciado un indicador medio de ingresos definidos de sus clubes licenciados de 22,3 millones de euros para 2026-27, un 14 % más que el año anterior. Es una evolución positiva, pero hablamos de ingresos de los clubes, no de beneficios netos.
Mientras tanto, la organización defiende una valoración de 1.410 millones de euros para la competición y proyecta un crecimiento anual superior al 10 % de sus ingresos y su EBITDA hasta 2034-35. Esa proyección depende de que se cumpla su plan de negocio.
Es decir, la Euroliga no carece de argumentos económicos, pero una parte importante de su apuesta se basa en el crecimiento que espera conseguir.
Y ahí está el riesgo que señalas: si los resultados tardan en llegar, los clubes habrán soportado años de incertidumbre mientras la oportunidad de asociarse con la NBA puede haber cambiado o desaparecido.
Además, el rechazo no ha cerrado la negociación. Reuters informa de que ambas partes mantienen abierta la posibilidad de alcanzar un acuerdo.
Mi conclusión es que la Euroliga no tenía por qué aceptar cualquier oferta, pero sí debería aprovechar esa puerta abierta para negociar con urgencia. No para vender necesariamente su independencia, sino para convertir su potencial deportivo en una estructura económica sostenible.
Porque el baloncesto europeo no necesita únicamente una competición que prometa valer miles de millones dentro de unos años. Necesita clubes capaces de competir hoy sin depender permanentemente del bolsillo de sus propietarios.
Y te planteo una última reflexión: si la NBA pone sobre la mesa una oferta mejorada que permita a los clubes ganar más dinero, mantener una parte del control y dar estabilidad al baloncesto europeo, ¿qué justificación económica quedaría para rechazarla? La respuesta tendría que estar en las cifras y las condiciones concretas, no únicamente en el orgullo de conservar el modelo actual.
Si yo pongo el dinero el control será mío y no de la Euroliga y sus propietarios, o estamos pensando que la NBA es "tonta"...
Exactamente. Y ahí está, creo, el punto que más cuesta entender de la posición de los propietarios de la Euroliga:
La contradicción de los propietarios
Veo tres intereses que pueden entrar en conflicto:
Los clubes quieren dinero, mejores ingresos y menos dependencia de las aportaciones de sus propietarios.
Los actuales dirigentes quieren conservar el control de la competición y de sus decisiones estratégicas.
La NBA quiere construir un negocio, no simplemente financiar una estructura ajena en la que no pueda decidir sobre cuestiones fundamentales.
Es perfectamente posible negociar un reparto de poderes, pero alguien tendrá que ceder. Si los clubes quieren conservar intacto el control actual, es lógico que la NBA valore menos la operación o prefiera desarrollar su propio proyecto.
Y hay algo todavía más importante
Si la NBA crea una competición alternativa, los propietarios de la Euroliga podrían descubrir que su principal activo no es únicamente la marca, sino el acceso a los clubes que hacen atractiva la competición.
Si esos clubes consideran que pueden ganar más dinero en el proyecto de la NBA, la posición negociadora de la Euroliga podría debilitarse. Y si permanecen en la Euroliga, la NBA tendrá que demostrar que puede atraer suficientes equipos para que su alternativa resulte comercialmente viable.
Ninguno de los dos tiene el éxito garantizado.
Por eso, la decisión racional no consiste en entregar todo el poder a la NBA ni en conservarlo todo por principio. Consiste en calcular cuánto vale cada opción, qué ingresos son realistas y qué riesgos soporta cada parte.
Mi conclusión es que tu argumento plantea una pregunta muy difícil para los propietarios de la Euroliga: si su modelo actual no permite generar suficiente rentabilidad, ¿con qué fundamento económico rechazarían compartir el control con quien puede ayudarles a conseguirla?
La independencia tiene valor, por supuesto. Pero mantenerla también tiene un coste. Y ese coste no debería recaer indefinidamente sobre los propietarios de los clubes, los aficionados y el propio baloncesto europeo.
Estoy bastante de acuerdo con el núcleo de tu razonamiento: cuando tienes delante a un socio capaz de aportar capital, proyección internacional y una capacidad comercial que difícilmente puedes replicar por tu cuenta, rechazarlo exige demostrar muy bien por qué el camino en solitario va a generar más valor.
Y en el caso del baloncesto europeo hay una circunstancia que hace tu argumento especialmente relevante: el tiempo también cuesta dinero.
Cada temporada que pasa sin mejorar sustancialmente los ingresos, los clubes siguen teniendo que pagar plantillas, desplazamientos, instalaciones y estructuras deportivas. Si los ingresos no crecen al mismo ritmo, los propietarios deben cubrir la diferencia. Y no hay garantía de que dentro de cinco años la oportunidad de asociarse con la NBA siga existiendo en las mismas condiciones.
La Euroliga puede tener un gran producto deportivo. Lo que está por demostrar es que pueda convertirlo en un negocio suficientemente rentable sin ayuda de un socio de esa dimensión.
Hay un dato que refuerza tu argumento
La propia Euroliga ha anunciado un indicador medio de ingresos definidos de sus clubes licenciados de 22,3 millones de euros para 2026-27, un 14 % más que el año anterior. Es una evolución positiva, pero hablamos de ingresos de los clubes, no de beneficios netos.
Mientras tanto, la organización defiende una valoración de 1.410 millones de euros para la competición y proyecta un crecimiento anual superior al 10 % de sus ingresos y su EBITDA hasta 2034-35. Esa proyección depende de que se cumpla su plan de negocio.
Es decir, la Euroliga no carece de argumentos económicos, pero una parte importante de su apuesta se basa en el crecimiento que espera conseguir.
Y ahí está el riesgo que señalas: si los resultados tardan en llegar, los clubes habrán soportado años de incertidumbre mientras la oportunidad de asociarse con la NBA puede haber cambiado o desaparecido.
Además, el rechazo no ha cerrado la negociación. Reuters informa de que ambas partes mantienen abierta la posibilidad de alcanzar un acuerdo.
Mi conclusión es que la Euroliga no tenía por qué aceptar cualquier oferta, pero sí debería aprovechar esa puerta abierta para negociar con urgencia. No para vender necesariamente su independencia, sino para convertir su potencial deportivo en una estructura económica sostenible.
Porque el baloncesto europeo no necesita únicamente una competición que prometa valer miles de millones dentro de unos años. Necesita clubes capaces de competir hoy sin depender permanentemente del bolsillo de sus propietarios.
Y te planteo una última reflexión: si la NBA pone sobre la mesa una oferta mejorada que permita a los clubes ganar más dinero, mantener una parte del control y dar estabilidad al baloncesto europeo, ¿qué justificación económica quedaría para rechazarla? La respuesta tendría que estar en las cifras y las condiciones concretas, no únicamente en el orgullo de conservar el modelo actual.
Si yo pongo el dinero el control será mío y no de la Euroliga y sus propietarios, o estamos pensando que la NBA es "tonta"...
Exactamente. Y ahí está, creo, el punto que más cuesta entender de la posición de los propietarios de la Euroliga:
¿de verdad esperan que la NBA ponga su dinero, su marca y su capacidad comercial, pero acepte que quienes manden sigan siendo los mismos que mandaban antes?
La NBA no necesita invertir en Europa por amor al baloncesto europeo. Si pone capital y asume riesgos, querrá obtener algo a cambio: control, capacidad de decisión, derechos comerciales y posibilidades de rentabilizar la inversión.
Eso no significa necesariamente que deba controlarlo todo, pero sí que sería ingenuo esperar que aportase recursos sin exigir una influencia proporcional a lo que invierte.
La NBA no necesita invertir en Europa por amor al baloncesto europeo. Si pone capital y asume riesgos, querrá obtener algo a cambio: control, capacidad de decisión, derechos comerciales y posibilidades de rentabilizar la inversión.
Eso no significa necesariamente que deba controlarlo todo, pero sí que sería ingenuo esperar que aportase recursos sin exigir una influencia proporcional a lo que invierte.
La contradicción de los propietarios
Veo tres intereses que pueden entrar en conflicto:
Los clubes quieren dinero, mejores ingresos y menos dependencia de las aportaciones de sus propietarios.
Los actuales dirigentes quieren conservar el control de la competición y de sus decisiones estratégicas.
La NBA quiere construir un negocio, no simplemente financiar una estructura ajena en la que no pueda decidir sobre cuestiones fundamentales.
Es perfectamente posible negociar un reparto de poderes, pero alguien tendrá que ceder. Si los clubes quieren conservar intacto el control actual, es lógico que la NBA valore menos la operación o prefiera desarrollar su propio proyecto.
Y hay algo todavía más importante
Si la NBA crea una competición alternativa, los propietarios de la Euroliga podrían descubrir que su principal activo no es únicamente la marca, sino el acceso a los clubes que hacen atractiva la competición.
Si esos clubes consideran que pueden ganar más dinero en el proyecto de la NBA, la posición negociadora de la Euroliga podría debilitarse. Y si permanecen en la Euroliga, la NBA tendrá que demostrar que puede atraer suficientes equipos para que su alternativa resulte comercialmente viable.
Ninguno de los dos tiene el éxito garantizado.
Por eso, la decisión racional no consiste en entregar todo el poder a la NBA ni en conservarlo todo por principio. Consiste en calcular cuánto vale cada opción, qué ingresos son realistas y qué riesgos soporta cada parte.
Mi conclusión es que tu argumento plantea una pregunta muy difícil para los propietarios de la Euroliga: si su modelo actual no permite generar suficiente rentabilidad, ¿con qué fundamento económico rechazarían compartir el control con quien puede ayudarles a conseguirla?
La independencia tiene valor, por supuesto. Pero mantenerla también tiene un coste. Y ese coste no debería recaer indefinidamente sobre los propietarios de los clubes, los aficionados y el propio baloncesto europeo.

