*** TRANSPARENCIA ARBITRAL… ¿DE VERDAD? ***

 ¿De verdad puede hablar la Euroliga de transparencia e integridad arbitral mientras un árbitro implicado en un incidente de sustracción después de un partido continúa arbitrando con normalidad?


El caso del árbitro esloveno Matej Boltauzer, hay un hecho importante que conviene precisar: fue captado sustrayendo un perfume de unos 221 € en el aeropuerto de Belgrado después de arbitrar el Partizan–Mónaco. La propia información publicada entonces señalaba que, pese al incidente, siguió siendo designado para partidos, incluso en playoffs, mientras la Euroliga abría un procedimiento disciplinario.

Y ahí entiendo perfectamente la contradicción que señalas: una cosa es que un árbitro no sea acusado de amañar un partido, y otra que una competición que habla de integridad y transparencia tenga que explicar por qué un colegiado implicado en un delito contra la propiedad continúa ejerciendo mientras se investiga.

Además, el contraste resulta especialmente llamativo ahora, porque la Euroliga afirma que está reforzando precisamente la transparencia, la integridad y la imparcialidad en las designaciones, incluso mediante un nuevo sistema automatizado que incorpora criterios de integridad.

La cuestión de fondo, por tanto, no es necesariamente «¿ese árbitro amañó partidos?» —no hay que confundir ambas cosas—, sino qué estándares de conducta exige la Euroliga a quienes representan a la competición y si esos estándares se aplican de manera suficientemente clara y consistente.

Si la Euroliga quiere que aficionados, clubes y jugadores confíen en sus árbitros, debería explicar con claridad qué medidas adopta ante situaciones así, qué procedimiento disciplinario aplica y por qué un colegiado puede seguir siendo designado mientras existe un expediente abierto.

Porque la transparencia no puede ser solamente un discurso o una palabra bonita en los comunicados.

La credibilidad del arbitraje también se construye con decisiones coherentes, explicaciones claras y estándares de conducta que sean visibles para todos.

Si la competición quiere exigir respeto y confianza a clubes, jugadores y aficionados, también tiene que ganársela.