*** Los Bad Boys están de vuelta ***
Detroit es hoy el mejor equipo del Este, y segundo en toda la NBA. Hace 2 años firmó la peor temporada de su historia. Qué cambió y que relación hay con los Pistons de los 80.
El 23 de mayo de 2024 fue un día normal para la mayoría de los seres humanos pero, sin embargo, ocurrieron dos hechos no relacionados entre sí que terminarían generando algo nuevo. En Cleveland, los Cavaliers despedían a su entrenador, JB Bickerstaff, tras 4 años y medio en el cargo. En Detroit, los Pistons fichaban a su nuevo presidente de operaciones, Trajan Langdon. Langdon, exjugador con mucho recorrido por Europa, dos veces campeón de la Euroliga con el CSKA, tenía un paso previo como asistente en San Antonio Spurs, lugar ideal para formarse como directivo. Los ejemplos sobran.
Apenas arribado, en dos meses tomó varias decisiones con el equipo de los Pistons decisivas: en junio fichó a Bickerstaff como nuevo entrenador y en julio contrató a Tobías Harris y Malik Beasley. Había que revertir el 14-68 de la temporada previa, el peor en la historia de la franquicia. Bickerstaff, hoy, dice:
"Yo los enfrenté muchas veces con Cleveland y veía que tenían talento, que nunca se daban por vencidos y competían a alto nivel, pero no sabían finalizar los partidos".
Cuando llegó a las primeras prácticas, además, vio cómo se mataban físicamente. Parecido a lo que tantas veces escuchó de Rick Mahorn, integrante de los Bad Boys originales de los 80 y exjugador además de los Wizards donde papá Bickerstaff (Bernie), era asistente. Con lo cual los une una amistad. A punto tal que Mahorn, pese a figurar formalmente como prensa, muchas veces es parte de las comidas del equipo y su palabra es escuchada.
Las cosas empezaron entonces a unirse como imanes: grupo talentoso, físicamente durísimo, con vocación por el trabajo, una dirigencia con la idea de armar una estructura de trabajo que tuviera un foco claro, más un entrenador familiarizado con la filosofía Bad Boys. La historia dice que cuando Langdon entrevistó a Bickerstaff antes de ficharlo, la primera reunión duró 8 horas. Otra historia importante tuvo que ver con el dueño de la franquicia, Tom Gores.
El año de los 14 triunfos, hubo una racha de 28 derrotas consecutivas en donde la gente gritaba desde las tribunas "¡Vendan el equipo!". Fue tal la vergüenza que Gores dio una conferencia de prensa para pedirle perdón a la gente. Pero no se dio por vencido y quedó impactado por Langdon en su primera entrevista, porque no criticó a ningún jugador y le presentó un plan de 15 páginas para la franquicia. Para Gores fue suficiente y lo fichó.
Los resultados de estos dos años no se los imaginaba nadie. Si bien el equipo tenía jóvenes con talento, como Cade Cunningham o Jalen Duren, no se podía esperar que pasaran de 14 a 44 triunfos en un año y a 42 en este, con 27 partidos todavía por jugarse, con buenas chances incluso de ser el mejor equipo de toda la fase regular de la NBA ante la inconsistencia de Oklahoma City.
Cuando llegó a las primeras prácticas, además, vio cómo se mataban físicamente. Parecido a lo que tantas veces escuchó de Rick Mahorn, integrante de los Bad Boys originales de los 80 y exjugador además de los Wizards donde papá Bickerstaff (Bernie), era asistente. Con lo cual los une una amistad. A punto tal que Mahorn, pese a figurar formalmente como prensa, muchas veces es parte de las comidas del equipo y su palabra es escuchada.
Las cosas empezaron entonces a unirse como imanes: grupo talentoso, físicamente durísimo, con vocación por el trabajo, una dirigencia con la idea de armar una estructura de trabajo que tuviera un foco claro, más un entrenador familiarizado con la filosofía Bad Boys. La historia dice que cuando Langdon entrevistó a Bickerstaff antes de ficharlo, la primera reunión duró 8 horas. Otra historia importante tuvo que ver con el dueño de la franquicia, Tom Gores.
El año de los 14 triunfos, hubo una racha de 28 derrotas consecutivas en donde la gente gritaba desde las tribunas "¡Vendan el equipo!". Fue tal la vergüenza que Gores dio una conferencia de prensa para pedirle perdón a la gente. Pero no se dio por vencido y quedó impactado por Langdon en su primera entrevista, porque no criticó a ningún jugador y le presentó un plan de 15 páginas para la franquicia. Para Gores fue suficiente y lo fichó.
Los resultados de estos dos años no se los imaginaba nadie. Si bien el equipo tenía jóvenes con talento, como Cade Cunningham o Jalen Duren, no se podía esperar que pasaran de 14 a 44 triunfos en un año y a 42 en este, con 27 partidos todavía por jugarse, con buenas chances incluso de ser el mejor equipo de toda la fase regular de la NBA ante la inconsistencia de Oklahoma City.
La clave es clarísima: de ser uno de los peores equipos defensivos de la competencia pasaron a ser, sino el mejor, uno de los tres mejores.
Es un equipo algo anticuado, pero efectivo. "A veces es difícil ser tan físicos como querríamos -dice Cunningham-. Pero siempre intentamos ser el equipo más físico y el más lento y ver si el otro equipo quiere lidiar con ello”. Cunningham es la estrella del equipo, claramente, y quizá uno de los jugadores más subvaluados de la NBA. Puede hacer casi todo bien porque tiene talla, talento y fuerza. Y, por sobre todas las cosas, está muy comprometido con Detroit.
"Tengo muchísimas ganas de ganar aquí”, dice. “Eso era lo que intenté transmitirle a Langdon cuando me lo preguntó al llegar. Que supiera que estoy dedicado a Detroit y a asegurarme de que los Pistons den el siguiente paso. Solo quería que estuviéramos de acuerdo en cuanto a cómo sería eso”. Según Cunningham, Langdon dijo que “iba a asegurarme de que la cultura fuera en la dirección correcta y a poner a gente necesaria que ayudara a impulsarla”.
Langdon fichó a Malik Beasley y a Tobias Harris, que venía sumando fracasos en Philadelphia. La idea de Trajan con él era otra: "Tuvimos que establecer muchos hábitos, día tras día", dice Harris. "Asegurarnos de que todos estuvieran en el gimnasio, trabajando, asegurándonos de que estuviéramos enfocados en lo correcto". El impacto fue excelente. Y sigue siendo así.
En el juego, mientras toda la NBA va hacia los triples, los Pistons se enfocan en anotar en la pintura, incluso con Cunningham, un gran definidor.
Es un equipo algo anticuado, pero efectivo. "A veces es difícil ser tan físicos como querríamos -dice Cunningham-. Pero siempre intentamos ser el equipo más físico y el más lento y ver si el otro equipo quiere lidiar con ello”. Cunningham es la estrella del equipo, claramente, y quizá uno de los jugadores más subvaluados de la NBA. Puede hacer casi todo bien porque tiene talla, talento y fuerza. Y, por sobre todas las cosas, está muy comprometido con Detroit.
"Tengo muchísimas ganas de ganar aquí”, dice. “Eso era lo que intenté transmitirle a Langdon cuando me lo preguntó al llegar. Que supiera que estoy dedicado a Detroit y a asegurarme de que los Pistons den el siguiente paso. Solo quería que estuviéramos de acuerdo en cuanto a cómo sería eso”. Según Cunningham, Langdon dijo que “iba a asegurarme de que la cultura fuera en la dirección correcta y a poner a gente necesaria que ayudara a impulsarla”.
Langdon fichó a Malik Beasley y a Tobias Harris, que venía sumando fracasos en Philadelphia. La idea de Trajan con él era otra: "Tuvimos que establecer muchos hábitos, día tras día", dice Harris. "Asegurarnos de que todos estuvieran en el gimnasio, trabajando, asegurándonos de que estuviéramos enfocados en lo correcto". El impacto fue excelente. Y sigue siendo así.
En el juego, mientras toda la NBA va hacia los triples, los Pistons se enfocan en anotar en la pintura, incluso con Cunningham, un gran definidor.
“En cuanto a la pintura, todo lo que tenga que ver con ella lo queremos ganar”, dice Bickerstaff. “Y creo que eso forma parte de la determinación, la dureza y el físico, porque normalmente en la pintura, de una forma u otra, te vas a topar con alguien y la cuestión es cómo reaccionas cuando te encuentras con ese cuerpo. ¿Exiges el espacio o dejas que te lo arrebaten? Y creo que esa es nuestra mentalidad: intentar conquistar todo el espacio posible”.
Tan es la compenetración que tienen con el juego físico que, tras la suspensión de Stewart hace dos semanas por entrar a pelearse con Moussa Diabaté de Charlotte, Isaiah no se mostró para nada arrepentido:
Tan es la compenetración que tienen con el juego físico que, tras la suspensión de Stewart hace dos semanas por entrar a pelearse con Moussa Diabaté de Charlotte, Isaiah no se mostró para nada arrepentido:
"¿No iban a esperar que me quedara en el banco no?". Stewart ama a Mahorn y se escriben seguido.
Le encanta que le cuente historias de los Pistons de los 80. Y es que esa inspiración, sumada a un plantel que siente a la ciudad y a la franquicia como propia, es muy fuerte. Están de vuelta. A prepararse.
Fuente:
Sports Illustrated




