*** NBA Europa: nadie viene a salvar al baloncesto europeo ***

Cada vez que se menciona la futura NBA Europa aparece el mismo entusiasmo casi infantil: inversiones millonarias, pabellones llenos, clubes ricos y el baloncesto continental entrando por fin en la élite económica mundial. Y cuanto más se repite el relato, menos parece importar una evidencia básica: la NBA no cruza el Atlántico para hacer beneficencia.
Pensar que la NBA llega a Europa para repartir dinero entre clubes necesitados es, sencillamente, una ingenuidad monumental.
La historia económica reciente debería bastar como vacuna contra ese optimismo. Europa compraba gas ruso barato durante décadas hasta que cambió el tablero geopolítico y empezó a pagar mucho más por el gas procedente de Estados Unidos. No hubo altruismo energético entonces, como tampoco lo habrá ahora en el deporte profesional. Los grandes actores globales no entran en nuevos mercados para regalar nada; entran para controlarlos.
Eso es exactamente lo que está en juego.
La NBA no necesita rescatar al baloncesto europeo. Necesita contenido global, nuevas audiencias y horarios explotables televisivamente. Europa es un mercado infraexplotado desde la lógica estadounidense del espectáculo, y ahí está el negocio. El resto —modernización, crecimiento, salto económico— forma parte del envoltorio comercial.
Por eso empiezan a aparecer en todas las conversaciones clubes estables, ciudades atractivas y proyectos institucionalmente dóciles. No se buscan necesariamente campeones históricos, sino socios fiables dentro de un modelo cerrado donde la liga decide, reparte y manda. El concepto de franquicia no es romanticismo deportivo: es control empresarial.
El problema es que muchos clubes europeos parecen dispuestos a aceptar cualquier condición con tal de subirse al tren antes de que salga de la estación. Como si el simple logotipo NBA garantizara prosperidad automática. Como si no existiera la posibilidad de convertirse en actores secundarios dentro de una competición diseñada desde otro continente y para otros intereses.
La pregunta incómoda no es quién entrará en la NBA Europa. La pregunta real es quién perderá capacidad de decisión cuando esté dentro.
Porque cuando el entusiasmo se disipe y lleguen las obligaciones económicas, los calendarios imposibles y la dependencia comercial, quizá algunos descubran que no estaban firmando una salvación, sino una cesión de poder.
El cuento de la lechera siempre termina igual: el problema no es soñar con la leche que se venderá mañana, sino olvidar quién es realmente el dueño del cántaro.





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