*** AVANZANDO HACIA 2035: ¿debe el deporte adaptarse a los talentos excepcionales o son los talentos los que deben adaptarse a la evolución del deporte? ***


¿No sería una pena que estos jugadores tan altos y excepcionales de la raza humana como Rioux pudiese quedar fuera en 2035 de la mejor liga de baloncesto del mundo, cuando hablamos de avance tecnológico en todas las esferas de la vida de los seres humanos? o a lo mejor pudiese ser que de aquí en pocos años pudiera cambiar de nuevo el juego de la NBA a algo más parecido a la época de los 80/90.

Es una reflexión muy interesante, porque toca una cuestión más profunda que el baloncesto: ¿debe el deporte adaptarse a los talentos excepcionales o son los talentos los que deben adaptarse a la evolución del deporte?

Por un lado, sí puede parecer una pena. Un ser humano de 2,38 m es una rareza biológica extraordinaria. Hace 40 años, un jugador así probablemente habría tenido un puesto casi garantizado en la NBA simplemente por su tamaño. Hoy, en cambio, la pregunta es si puede defender un bloqueo a 8 metros del aro o correr de una esquina a otra en tres segundos.

Pero también puede verse de otra forma: la NBA actual no está rechazando la excepcionalidad física, sino que exige una excepcionalidad más completa. El ejemplo perfecto es Victor Wembanyama. Hace décadas, un jugador de 2,24 m habría sido entrenado para vivir bajo el aro. Hoy se le pide botar, lanzar triples, pasar y defender espacios abiertos.

Respecto a la tecnología, paradójicamente podría ayudar más a Rioux que a cambiar el juego. La biomecánica, el análisis del movimiento, la nutrición personalizada y la prevención de lesiones pueden hacer que jugadores gigantes tengan carreras más largas y desarrollen una movilidad que antes era impensable. Un chico de 2,38 m en 2035 podría moverse mejor que un jugador de 2,20 m en 1995.

Ahora bien, ¿podría volver la NBA a parecerse a los años 80?

Sí, pero probablemente no de la forma que muchos imaginan.

El triple podría perder algo de protagonismo si ocurren varias cosas: 

Las defensas encuentran formas más eficaces de limitar los tiros exteriores.
La liga modifica reglas.
Aparecen pívots tan dominantes que obligan a jugar más cerca del aro.

La historia del baloncesto es pendular. En los 60 dominaban los interiores. En los 80 coexistían juego interior y exterior. En los 90 hubo mucho juego físico. En los 2010 explotó el triple. No es imposible que en 2035 veamos otra tendencia.

Sin embargo, hay algo que probablemente no cambiará: la velocidad y el espacio. Una cancha de 28 metros sigue siendo una cancha de 28 metros. Cuanto mejor son los atletas, más valioso es cubrir espacio rápidamente. Por eso incluso si regresa el juego interior, es más probable que triunfe un pívot al estilo de Nikola Jokić, Joel Embiid o Wembanyama que un gigante estático.

De hecho, la gran ironía es que Rioux podría haber nacido 30 años demasiado tarde. En la NBA de los 90 quizá habría sido una apuesta de lotería fascinante. En la de 2035, para sobrevivir, quizá necesite demostrar que además de medir 2,38 m puede hacer cosas que antes nadie esperaba de alguien de esa altura. Y eso sería otra forma de excepcionalidad.