*** ¿Se puede disfrutar de un partido que parece una guerra? : La paradoja de la competición ***


Un entrenador puede decir que un partido de competición es "como una guerra a pequeña escala". Un jugador de élite, en cambio, puede afirmar que juega "para divertirse". ¿Quién tiene razón?

Probablemente, ambos.

La comparación con una guerra no habla de sus consecuencias, sino de la intensidad: estrategia, presión, sacrificio y lucha por cada detalle. La competición exige concentración absoluta.

El jugador, sin embargo, suele referirse a otra cosa cuando habla de disfrutar. No disfruta porque sea fácil, sino porque afronta un reto enorme. Ahí entran en juego la adrenalina, la dopamina y otros mecanismos que hacen que el ser humano encuentre satisfacción en superar desafíos muy difíciles.

Es la misma razón por la que algunas personas disfrutan escalando una montaña, corriendo una maratón o lanzándose en paracaídas. No buscan el sufrimiento por sí mismo, sino la intensidad, la superación y ese estado mental en el que todo el foco está puesto en el momento presente.


La competición de élite no es un paseo, ni tampoco una guerra real

Es un escenario donde el sufrimiento y el disfrute pueden convivir: se sufre por la exigencia, pero se disfruta del desafío.

Quizá la verdadera paradoja del deporte sea esta: cuanto mayor es el reto, mayor puede llegar a ser el placer de afrontarlo.

"La competición no enfrenta sufrimiento y disfrute; los une."

 


Predicando en el Desierto
Miguel A Soto