*** Antes de entrenar básquet o jugar un partido, no conviene comer cualquier cosa.” ***
El básquet te exige saltar, correr, frenar, cambiar de dirección, chocar y volver a moverte todo el tiempo. Y si llegás vacío, se nota. Si llegás pesado, también.
La clave no es comer perfecto. La clave es elegir según el horario.
Si falta bastante, podés hacer una comida más completa. Si falta poco, conviene algo más simple y fácil de digerir.
El error más común es querer llegar “liviano” y terminar llegando sin energía.
Un snack muy chico puede parecer suficiente, pero después no sostiene un entrenamiento intenso.
La estrategia correcta no es comer menos por costumbre, sino comer de forma adecuada según el horario, la intensidad del entrenamiento y la tolerancia individual.
Recuerdo un partido de categoría junior, en un sector de Málaga, en el que uno de mis jugadores más fuertes y determinantes —Zipi, 1,98 m, de Chipiona— no rindió en absoluto en el primer encuentro que jugamos contra Oximesa de Granada. Perdimos el partido.
Cuando le pregunté qué le pasaba, me respondió: “Miguel, yo no puedo jugar un partido con el desayuno del hotel —tostada, zumo y café con leche—; no tengo fuerza”.
Para el siguiente partido, le dije al delegado: “Vete al supermercado y cómprale una barra de pan grande, rellénala con mortadela y dásela a Zipi para desayunar”.
Aquel día volvió a ser el de siempre: fuerte en el rebote, anotador, luchador y decisivo. Ganamos el encuentro. Después me dijo: “Yo en casa estoy acostumbrado a comer a diario bocadillos grandes; por eso estoy fuerte”.
Los entrenadores aprendemos poco a poco, muchas veces a base de errores. Y aquel fue uno de los míos: subestimar la importancia de la comida previa al partido.




