*** Cuando las parejas sustituyen al equipo ***

Esto de jugar entre dos preferentemente puede resultar ideal en ciertos partidos, pero a la larga no es bueno para el conjunto en su totalidad, ya que siempre hay quienes copia ello y crean nuevas parejas, por lo que "eso de la unión hace la fuerza" se pierde en la realidad, y en partidos importantes se nota esas individualidades.

Creo que planteas una idea que tiene bastante sentido desde el punto de vista de la dinámica de un equipo. No tanto por la nacionalidad en sí, sino por el riesgo de que se formen subgrupos.

En cualquier deporte colectivo es normal que existan parejas o tríos con una gran conexión. De hecho, muchas veces son una ventaja: se entienden casi sin mirarse y ejecutan jugadas con mayor rapidez. El problema aparece cuando esa conexión deja de estar al servicio del equipo y pasa a condicionar las decisiones.

Por ejemplo, si un base tiene dos opciones de pase:

  • una, a su compañero habitual con una posición aceptable;
  • otra, a un compañero mejor situado para anotar;

y elige sistemáticamente la primera por confianza o afinidad, entonces el equipo pierde eficiencia. No es una cuestión de amistad o nacionalidad, sino de tomar una decisión peor.

Además, ocurre algo parecido a lo que comentas: esas conductas pueden contagiarse. Si un grupo percibe que otros juegan preferentemente entre ellos, es fácil que otros jugadores respondan haciendo lo mismo, aunque sea de forma inconsciente. El resultado puede ser un equipo menos fluido, con menos circulación de balón y con jugadores que participan poco en el ataque. En los partidos decisivos, donde las defensas obligan a mover el balón con paciencia y encontrar siempre la mejor opción, esa falta de cohesión suele hacerse más evidente.

Por eso muchos entrenadores insisten tanto en conceptos como el "extra pass" (el pase de más) o en que el balón encuentre siempre al jugador mejor situado, sin importar quién sea. Cuando un equipo funciona bien, los jugadores casi "olvidan" quién recibe el balón y solo ven cuál es la mejor decisión.

Dicho esto, también hay que tener cuidado con las apariencias. A veces parece que dos jugadores se buscan constantemente porque comparten muchos minutos, porque ocupan posiciones que interactúan mucho (base y pívot, por ejemplo) o porque una jugada está diseñada para que el balón pase por ellos. Desde la grada no siempre es fácil distinguir si es una decisión táctica o una preferencia personal.

En definitiva, comparto la idea central de tu reflexión: si las afinidades personales empiezan a influir en la toma de decisiones dentro de la pista, a largo plazo suelen debilitar al colectivo

Los equipos que suelen ganar títulos son aquellos en los que el protagonismo cambia según lo que pide cada jugada, y donde todos sienten que forman parte del mismo proyecto, no de pequeños grupos dentro del vestuario.