*** UNA RACHA QUE PARECE IMPOSIBLE AHORA ***



Desde noviembre de 1990 hasta 1998, Michael Jordan y los Chicago Bulls pasaron 626 partidos sin perder tres encuentros consecutivos.

Piénsalo: cada vez que Chicago perdía dos partidos seguidos, la tercera derrota simplemente no llegaba. Respondían.  

Y estamos hablando de una racha que atravesó años de temporada regular y playoffs, en plena construcción de una de las dinastías más dominantes de la historia.

No significa que aquellos Bulls nunca perdieran. Significa algo quizá más impresionante: cuando empezaban a tambalearse, sabían cómo detener la caída.

626 partidos. Ocho años. Ni una sola racha de tres derrotas consecutivas.

Eso también explica por qué aquellos Bulls eran tan difíciles de derribar.  












Michael Jordan con los Bulls jugó 626 partidos seguidos en los 90 sin perder más de 2 consecutivos...

Ese dato es totalmente real y es una de las mayores salvajadas estadísticas de la historia del deporte, pero apoya precisamente el argumento inicial: la absoluta anomalía competitiva que supuso Michael Jordan frente a la podredumbre del resto del sistema. 

La racha exacta consistió en 626 partidos consecutivos (500 de temporada regular y 126 de playoffs) entre el 7 de noviembre de 1990 y su último tiro el 14 de junio de 1998 en los que los Chicago Bulls jamás encadenaron tres derrotas seguidas con Jordan en la pista. La única vez que perdieron tres seguidos en esa época fue al arrancar la temporada 1990-91 (empezaron 0-3), y a partir de ahí, Jordan impuso una dictadura competitiva implacable. 

Cada vez que sufrían dos tropiezos, él salía al siguiente partido a romper la racha por lo civil o por lo militar. 

Este dato demuestra dos cosas en el contexto de nuestro debate:

Por qué el "tanking" no es culpa de los jugadores: 

Jordan demostró la mentalidad del competidor puro: el rechazo visceral a la derrota. Ningún atleta de élite quiere perder a propósito. 

Por eso, cuando los despachos o las franquicias obligan a tankear o a adulterar la competición guardando estrellas, están corrompiendo de forma directa el "alma" y el instinto salvaje del propio deportista, que está diseñado únicamente para ganar. 

La excepción que confirma la regla: Para que existiera una racha así, se tuvo que juntar el mayor competidor de la historia con una franquicia que, durante ocho años, funcionó en la cúspide porque el negocio le iba de cara (ganar anillos multiplicaba los ingresos). En el momento en que las dinámicas de mercado cambiaron y el equipo se desmanteló en 1998, los Bulls pasaron a la mediocridad institucional absoluta en cuestión de meses.

Jordan es el ejemplo perfecto de moral deportiva individual incorruptible. El problema es que el sistema oficial está diseñado para que los mortales comunes no puedan sostener esa pureza ética cuando las instituciones les empujan a lo contrario.