*** Cuando un jugador cree que ya ha llegado, normalmente deja de crecer ***

  
Hay chavales que empiezan a jugar al baloncesto y con 14 años, ya se creen que son figuras con fotitos en redes y demás simplezas, como las grandes estrellas de la NBA. ¿Esto de creérselo es bueno o quizás le perjudique sin saberlo?

Hay una diferencia importante entre tener confianza y creerse una estrella.

La confianza suele ser positiva. Un jugador que piensa "si trabajo mucho, puedo llegar lejos" probablemente entrenará con más convicción y no se hundirá tras un mal partido.

Sin embargo, cuando un chico de 14 o 15 años empieza a construir una imagen de "estrella" en redes sociales, el riesgo es que su identidad pase a depender más de la apariencia que de la mejora real.

Algunos efectos que entrenadores de cantera comentan con frecuencia son:

Empieza a preocuparse más por hacer la jugada espectacular que por jugar para el equipo.
Publica cada mate, cada triple o cada selección, pero dedica menos atención a corregir errores.
Busca la aprobación de seguidores en lugar de la del entrenador.
Le cuesta aceptar las críticas porque ya se percibe como un jugador "hecho".

Es curioso observar que muchas de las grandes estrellas han seguido el camino contrario. Nikola Jokić apenas prestaba atención a su imagen pública en sus primeros años; Tim Duncan siempre fue conocido por su discreción; Pau Gasol y Dirk Nowitzki construyeron sus carreras sobre una mejora constante más que sobre el marketing personal.












Eso no significa que usar redes sociales sea malo. Hoy forman parte de la vida de los deportistas. El problema aparece cuando la marca personal crece más rápido que el jugador. Si con 14 años ya te comportas como una celebridad, cualquier suplencia, lesión o temporada discreta puede convertirse en un golpe muy difícil de gestionar.

Además, hay un aspecto que muchos padres y entrenadores destacan: las redes crean una ilusión de éxito. Un adolescente puede tener miles de seguidores y, sin embargo, no ser ni siquiera uno de los mejores jugadores de su generación. En cambio, otro mucho más discreto puede acabar llegando al profesionalismo porque dedica su energía a entrenar.

En definitiva, la confianza es un ingrediente esencial para competir al máximo nivel; la vanidad precoz puede convertirse en un obstáculo

En el deporte de élite, el talento abre puertas, pero la capacidad de seguir aprendiendo cuando todos te elogian suele ser una de las cualidades que distinguen a quienes realmente llegan lejos.




Predicando en el Desierto
Miguel A Soto