*** FUE HISTORIA - 1966 : Mi primer equipo de baloncesto ***

Este fue mi primer equipo de baloncesto. Con él comencé a practicar este deporte, después de haber jugado al fútbol 11, otra de mis grandes pasiones, junto con el tenis y el ajedrez.

Eran los tiempos del blanco y negro. Apenas había televisión, no existían los teléfonos móviles, circulaban pocos coches y abundaban las bicicletas. La calle era nuestro campo de juegos. Curas por aquí, curas por allá... En definitiva, una vida muy distinta, una vida en blanco y negro.

Menos mal que teníamos la escuela para estudiar, aunque muchas veces parecía una cárcel perfectamente organizada. Al llegar por las mañanas, todos formábamos al estilo militar y cantábamos el Cara al Sol o el Gibraltar, Gibraltar. ¡Ay del que no estuviera atento! 

Los castigos físicos eran algo habitual. Los maestros repartían palos con la misma naturalidad con la que explicaban una lección. Se decía que "la letra entra con sangre", y por desgracia esa frase se tomaba demasiado en serio. Si además se lo contabas a tu padre, aún podías llevarte otro correctivo. En mi casa, afortunadamente, éramos muchos hermanos y esa práctica nunca fue habitual.

Los que llegábamos del fútbol al baloncesto teníamos cierta ventaja. No solo poseíamos unas piernas más fuertes, sino que también estábamos acostumbrados a un juego más físico y competitivo. Esa intensidad nos ayudó a adaptarnos rápidamente. 

En poco tiempo conseguí ser titular. Nunca faltaba a un entrenamiento y esa actitud, sin duda, era del agrado del entrenador, que seguramente pensaba para sus adentros: "Este es de los míos". Y no se equivocaba.

Con el paso de los años uno comprende que, para la inmensa mayoría, el deporte no será una profesión, sino una magnífica afición. Poco a poco desaparece el sueño de llegar a ser profesional, pero eso no es una derrota, sino el comienzo de otra etapa. Empiezas a estudiar con más seriedad, encuentras un trabajo y continúas practicando el deporte en tu tiempo libre.

Nunca abandonas aquello que tanto te ha dado. 

Al contrario, descubres que el deporte sigue siendo un compañero de vida y que cumple dos funciones esenciales: cuidar de tu salud y hacerte feliz

Quizá a eso podríamos llamarlo el futuro inteligente.











En la NBA ese mismo año destacaban los siguientes:


Wilt Chamberlain (Philadelphia 76ers): El pívot más dominante físicamente. En la temporada 1965-1966, registró unos promedios colosales de 33,5 puntos y 24,6 rebotes por partido, lo que le valió ganar su segundo premio de MVP de la temporada.

Bill Russell (Boston Celtics): El gran ganador de la década. Lideró a los Celtics a la conquista de un nuevo campeonato de la NBA en las Finales de 1966, siendo el corazón defensivo y el pilar táctico del equipo dirigido por Red Auerbach.

Oscar Robertson (Cincinnati Royals): El base estrella que completó otra campaña histórica rayando el triple-doble noche tras noche, siendo el motor ofensivo inigualable de su equipo. 

Jerry West (Los Angeles Lakers): Uno de los mejores escoltas y anotadores letales de la liga, llevando a su equipo a disputar las Finales contra Boston. 

Rick Barry (San Francisco Warriors): El sensacional Rookie del Año en 1966. Impactó la liga de inmediato con una media de 25,7 puntos por encuentro en su primera temporada.