*** Fortalecer ahora, para jugar sin lesiones después ***
El fortalecimiento de rodillas y articulaciones debería hacerse en la niñez, precisamente para evitar lesiones cuando se empieza a jugar y entrenar en serio, hoy en el baloncesto amateur llegan muchos jóvenes a practicar un deporte sin haber potenciado las articulaciones, y esto, indudablemente, va ha producir más lesiones de las habituales, sobre todo cuando se juega o entrena en canchas duras y sin una buena preparación física de antemano.
La idea de fondo que planteas está bastante respaldada por la evidencia, aunque haría una precisión importante: no se trata de “fortalecer las articulaciones” directamente, sino de desarrollar desde edades tempranas la fuerza, el control neuromuscular, la movilidad, el equilibrio y la capacidad de absorber y producir fuerzas alrededor de esas articulaciones.
Y eso es especialmente importante en baloncesto.
El problema empieza cuando el niño pasa demasiado pronto de jugar a “entrenar como un adulto”
Un chico puede estar jugando al baloncesto durante años sin haber desarrollado suficientemente:
Y aquí el baloncesto tiene una particularidad
No basta con tener fuerza.
Hay que enseñar al cuerpo a utilizarla.
Un aterrizaje después de un salto es un magnífico ejemplo. El jugador tiene que absorber la fuerza mediante tobillo, rodilla y cadera, mantener una alineación adecuada y volver a estabilizarse rápidamente.
Por eso los programas modernos de prevención combinan fuerza + equilibrio + estabilización + agilidad + saltos/pliometría + técnica de aterrizaje.
Una revisión específica sobre jóvenes que practican baloncesto encontró que las lesiones de tobillo y rodilla son de las más habituales y que los programas de calentamiento neuromuscular combinados con fuerza y estabilidad son de las estrategias preventivas más prometedoras.
Y hay datos bastante contundentes: un programa neuromuscular específico para jugadores de baloncesto de 11 a 18 años consiguió reducir aproximadamente un 36% las lesiones de tobillo y rodilla.
Más recientemente, un metaanálisis de 2025 que reunió 24 estudios encontró una reducción aproximada del 27% de las lesiones de las extremidades inferiores mediante entrenamiento neuromuscular, y alrededor del 28% en lesiones de rodilla.
Por eso coincido especialmente contigo en una cosa
La preparación debería comenzar antes de que aparezca la exigencia competitiva.
No esperar a que un niño de 14-15 años empiece a jugar cuatro partidos semanales para decirle:
“Ahora tenemos que fortalecer las rodillas porque estás teniendo molestias.”
Es al revés.
Primero hay que construir la capacidad física y después aumentar progresivamente la carga deportiva.
Y no hace falta convertir a un niño en culturista. Puede hacerse perfectamente mediante juegos, ejercicios con el propio peso, saltos correctamente enseñados, equilibrio, carreras, cambios de dirección, ejercicios de fuerza adaptados a la edad y, progresivamente, cargas externas supervisadas.
Y añadiría un elemento a tu argumento: el suelo
Aquí sí conviene ser prudentes con la afirmación de que “las canchas duras producen más lesiones”. La relación no es tan sencilla como pista dura = lesión. Influyen muchísimo el volumen de entrenamiento, la recuperación, el calzado, la superficie concreta, la técnica, el nivel de fuerza y, sobre todo, cómo se gestiona la carga.
Pero hay algo lógico:
Y eso es especialmente importante en baloncesto.
El problema empieza cuando el niño pasa demasiado pronto de jugar a “entrenar como un adulto”
Un chico puede estar jugando al baloncesto durante años sin haber desarrollado suficientemente:
fuerza de cuádriceps, isquiotibiales y glúteos;
estabilidad de tobillo;
control de la cadera y de la rodilla;
capacidad de aterrizar correctamente;
equilibrio y propiocepción;
fuerza del tronco;
capacidad para desacelerar.
Y de repente empieza a entrenar 3-5 días por semana, juega partidos, hace cientos de saltos, cambios de dirección y frenadas… pero su sistema musculoesquelético no estaba preparado para esa carga.
La Academia Americana de Pediatría señala precisamente que el problema no es que los jóvenes hagan entrenamiento de fuerza bien diseñado; de hecho, con supervisión y técnica adecuada, las tasas de lesión son bajas. El mayor riesgo aparece con progresiones inadecuadas de carga, mala supervisión o reservas de fuerza insuficientes para las exigencias del deporte.
estabilidad de tobillo;
control de la cadera y de la rodilla;
capacidad de aterrizar correctamente;
equilibrio y propiocepción;
fuerza del tronco;
capacidad para desacelerar.
Y de repente empieza a entrenar 3-5 días por semana, juega partidos, hace cientos de saltos, cambios de dirección y frenadas… pero su sistema musculoesquelético no estaba preparado para esa carga.
La Academia Americana de Pediatría señala precisamente que el problema no es que los jóvenes hagan entrenamiento de fuerza bien diseñado; de hecho, con supervisión y técnica adecuada, las tasas de lesión son bajas. El mayor riesgo aparece con progresiones inadecuadas de carga, mala supervisión o reservas de fuerza insuficientes para las exigencias del deporte.
Y aquí el baloncesto tiene una particularidad
No basta con tener fuerza.
Hay que enseñar al cuerpo a utilizarla.
Un aterrizaje después de un salto es un magnífico ejemplo. El jugador tiene que absorber la fuerza mediante tobillo, rodilla y cadera, mantener una alineación adecuada y volver a estabilizarse rápidamente.
Por eso los programas modernos de prevención combinan fuerza + equilibrio + estabilización + agilidad + saltos/pliometría + técnica de aterrizaje.
Una revisión específica sobre jóvenes que practican baloncesto encontró que las lesiones de tobillo y rodilla son de las más habituales y que los programas de calentamiento neuromuscular combinados con fuerza y estabilidad son de las estrategias preventivas más prometedoras.
Y hay datos bastante contundentes: un programa neuromuscular específico para jugadores de baloncesto de 11 a 18 años consiguió reducir aproximadamente un 36% las lesiones de tobillo y rodilla.
Más recientemente, un metaanálisis de 2025 que reunió 24 estudios encontró una reducción aproximada del 27% de las lesiones de las extremidades inferiores mediante entrenamiento neuromuscular, y alrededor del 28% en lesiones de rodilla.
Por eso coincido especialmente contigo en una cosa
La preparación debería comenzar antes de que aparezca la exigencia competitiva.
No esperar a que un niño de 14-15 años empiece a jugar cuatro partidos semanales para decirle:
“Ahora tenemos que fortalecer las rodillas porque estás teniendo molestias.”
Es al revés.
Primero hay que construir la capacidad física y después aumentar progresivamente la carga deportiva.
Y no hace falta convertir a un niño en culturista. Puede hacerse perfectamente mediante juegos, ejercicios con el propio peso, saltos correctamente enseñados, equilibrio, carreras, cambios de dirección, ejercicios de fuerza adaptados a la edad y, progresivamente, cargas externas supervisadas.
Y añadiría un elemento a tu argumento: el suelo
Aquí sí conviene ser prudentes con la afirmación de que “las canchas duras producen más lesiones”. La relación no es tan sencilla como pista dura = lesión. Influyen muchísimo el volumen de entrenamiento, la recuperación, el calzado, la superficie concreta, la técnica, el nivel de fuerza y, sobre todo, cómo se gestiona la carga.
Pero hay algo lógico:
un jugador poco preparado físicamente que realiza cientos de aterrizajes y frenadas sobre una superficie con poca capacidad de amortiguación está sometiendo repetidamente a sus estructuras a cargas elevadas. Si además aumenta bruscamente el volumen de entrenamiento, el problema puede aparecer.
Y esto enlaza directamente con lo que hablábamos de Anthony Edwards.
En un jugador profesional no hablamos de un adolescente sin preparación. Al contrario: está extraordinariamente preparado. Pero el principio es el mismo llevado al extremo:
más saltos + más aceleraciones + más frenadas + más cambios de dirección + más partidos + menos recuperación = una enorme exposición acumulada de rodillas y tobillos.
Por eso me parece interesante tu hipótesis anterior sobre la rótula. No podemos decir que Edwards tenga un problema de seguimiento rotuliano, pero sí podemos preguntarnos hasta qué punto la combinación de carga acumulada, biomecánica individual y miles de acciones explosivas puede terminar generando problemas femoropatelares o de otras estructuras de la rodilla.
Y hay una conclusión que me parece especialmente importante para el baloncesto amateur:
No deberíamos enseñar primero a los niños a saltar más alto. Deberíamos enseñarles primero a aterrizar, estabilizar, frenar y controlar su cuerpo.
Después ya vendrá el salto.
De hecho, los programas de prevención que incorporan precisamente fuerza, equilibrio, agilidad y ejercicios de salto/aterrizaje son los que presentan mejores resultados en jóvenes.
Así que tu idea podría resumirse en una frase bastante potente:
El problema no es que nuestros jóvenes entrenen demasiado; muchas veces el problema es que les exigimos como atletas antes de haberlos preparado para serlo.
Y eso, en baloncesto, puede ser especialmente peligroso para rodillas y tobillos.
Nota:
En un jugador profesional no hablamos de un adolescente sin preparación. Al contrario: está extraordinariamente preparado. Pero el principio es el mismo llevado al extremo:
más saltos + más aceleraciones + más frenadas + más cambios de dirección + más partidos + menos recuperación = una enorme exposición acumulada de rodillas y tobillos.
Por eso me parece interesante tu hipótesis anterior sobre la rótula. No podemos decir que Edwards tenga un problema de seguimiento rotuliano, pero sí podemos preguntarnos hasta qué punto la combinación de carga acumulada, biomecánica individual y miles de acciones explosivas puede terminar generando problemas femoropatelares o de otras estructuras de la rodilla.
Y hay una conclusión que me parece especialmente importante para el baloncesto amateur:
No deberíamos enseñar primero a los niños a saltar más alto. Deberíamos enseñarles primero a aterrizar, estabilizar, frenar y controlar su cuerpo.
Después ya vendrá el salto.
De hecho, los programas de prevención que incorporan precisamente fuerza, equilibrio, agilidad y ejercicios de salto/aterrizaje son los que presentan mejores resultados en jóvenes.
Así que tu idea podría resumirse en una frase bastante potente:
El problema no es que nuestros jóvenes entrenen demasiado; muchas veces el problema es que les exigimos como atletas antes de haberlos preparado para serlo.
Y eso, en baloncesto, puede ser especialmente peligroso para rodillas y tobillos.
Nota:
Anthony Edwards se formó bajo la dureza y competitividad de las canchas callejeras de Atlanta, un entorno fundamental para moldear el físico dominante, el carácter competitivo y el estilo de juego electrizante que hoy despliega en la NBA. Aunque de niño su verdadera pasión era el fútbol americano (donde destacaba como running back de nivel nacional), fue en las canchas de asfalto de su vecindario donde redirigió su vida hacia el baloncesto.




