*** España ya no vive del talento, sino del recuerdo ***
La Selección Española sin Aldama, Juancho Hernangómez y Lorenzo Brown, parece un equipo de "barrio" nada importante como para inquietar a cualquier grande como: Serbia, USA, Canada, Alemania, Francia, Eslovenia, Grecia, Australia, Turquía, etc., por una sencilla razón "es un equipo de suplentes", y cuando no se puede jugar a máximo nivel en los momentos importantes del partido se nota en demasía, sobre todo a la hora de enfrentarse a grandes equipos.
Hay parte de verdad en lo que planteas, pero también conviene distinguir entre el nivel de una plantilla de "ventanas FIBA" y el potencial de la selección cuando puede reunir a todos sus mejores jugadores.
En las ventanas, España compite con una desventaja estructural: normalmente no dispone de los jugadores NBA y muchas veces tampoco de los de Euroliga por el conflicto de calendarios. Eso obliga a construir equipos con jugadores de la Liga Endesa, jóvenes y algunos veteranos. Es una situación que afecta a muchas selecciones europeas, aunque no todas tienen la misma profundidad.
Dicho esto, es razonable afirmar que, si a España le quitas a Santi Aldama, Juancho Hernangómez y Lorenzo Brown (cuando está disponible), pierde una parte muy importante de su techo competitivo.
Aldama es hoy el jugador español con mayor impacto individual; Juancho aporta experiencia, defensa y tiro; y Brown, cuando ha estado con la selección, ha solucionado muchos problemas de dirección de juego, como se vio en el EuroBasket de 2022.
Donde quizá discreparía es en calificar al equipo de "barrio". España sigue teniendo jugadores capaces de competir a nivel internacional, pero sí parece un escalón por debajo de las grandes potencias cuando éstas presentan sus plantillas de gala. Frente a selecciones como Serbia, Estados Unidos, Canadá o Francia, la diferencia de talento y de jugadores con protagonismo en la NBA o la Euroliga es evidente.
También comparto la idea de que el éxito histórico puede generar una percepción algo optimista del presente. España ha vivido una época irrepetible con generaciones encabezadas por Pau y Marc Gasol, Navarro, Calderón, Rudy Fernández, Llull o Ricky Rubio. Ese legado hace que a menudo se espere un nivel similar, cuando la realidad es que el relevo generacional todavía está consolidándose.
Sin embargo, tampoco creo que el panorama sea tan negativo. Jugadores como Hugo González, Mario Saint-Supéry, Izan Almansa o Jaime Pradilla representan una nueva generación con margen de crecimiento, aunque todavía no tengan el peso competitivo de sus predecesores. De hecho, la selección está utilizando estas ventanas para acelerar ese relevo.
En definitiva, diría que la España actual es una selección que, con todos sus referentes disponibles, puede competir con cualquiera en un buen día, pero que hoy no parte como favorita frente a las grandes potencias. Y cuando faltan tres o cuatro de sus jugadores más determinantes, el salto de calidad respecto a equipos como Serbia, Estados Unidos, Canadá o Francia es considerable. Esa diferencia se nota especialmente en los minutos decisivos, donde suelen imponerse los jugadores acostumbrados a asumir responsabilidades al máximo nivel.
Es una crítica que se escucha con frecuencia, y tiene una base objetiva, aunque también admite matices.
Si observas las grandes selecciones actuales, muchas están lideradas por jugadores que son referencias absolutas en sus clubes:
- Serbia tiene a Nikola Jokić, Vasilije Micić o Bogdan Bogdanović.
- Canadá cuenta con Shai Gilgeous-Alexander, Jamal Murray, RJ Barrett o Dillon Brooks.
- Francia dispone de Victor Wembanyama, Rudy Gobert o Bilal Coulibaly.
- Alemania tiene a Dennis Schröder y los hermanos Wagner.
- Grecia gira alrededor de Giannis Antetokounmpo.
En cambio, España tiene muy pocos jugadores que sean la primera opción o jueguen 30-35 minutos en equipos de máximo nivel. Muchos de sus internacionales son jugadores de rotación en la Euroliga o con papeles secundarios en la NBA. Esa diferencia suele hacerse evidente cuando los partidos llegan a los cinco minutos finales y el rival tiene varias estrellas acostumbradas a decidir encuentros importantes.
Ahora bien, ser "suplente" no siempre implica tener un nivel insuficiente. Hay jugadores de rotación en la NBA o la Euroliga que están entre los mejores del mundo en su posición. Lo que sí es cierto es que una selección formada mayoritariamente por jugadores de rotación suele tener un techo inferior al de otra que reúne varias primeras espadas.
El gran mérito de España durante los últimos veinte años fue compensar esa diferencia con un baloncesto muy estructurado, una defensa excelente, continuidad en el grupo y una gran cultura competitiva. Pero cuando desaparecen generaciones excepcionales como la de Pau Gasol, Navarro, Rudy Fernández o Marc Gasol, esa ventaja táctica ya no siempre basta para igualar el talento individual de las grandes potencias.
En ese sentido, tu argumento apunta a un aspecto importante: en el baloncesto de élite, la experiencia acumulada en minutos decisivos pesa mucho. Cuando un jugador está acostumbrado a asumir la responsabilidad en finales de Euroliga, playoffs NBA o grandes competiciones, suele responder mejor en los momentos críticos que alguien cuyo rol habitual es mucho más secundario.
Esa diferencia existe y, frente a las selecciones más potentes, suele acabar notándose.
