*** ¿Qué es para mí un jugador espectáculo? ***

Hoy se llama "jugador espectáculo" a cualquiera que meta un triple desde nueve metros o machaque el aro porque mide 2,11 metros.

Yo no lo veo así.

Para mí, el espectáculo no está en el resultado de la jugada, sino en la dificultad de ejecutarla.

No me impresiona que un jugador de 2,11 metros haga un mate sin oposición. Es, en cierto modo, lo que se espera de él.

En cambio, sí me parece espectacular ver a un jugador de 1,85 superar a los más altos para capturar un rebote, colocar un tapón, permanecer suspendido en el aire el tiempo suficiente para rectificar un lanzamiento o cambiar el balón de mano antes de anotar.

También me parece espectáculo ver a un pívot de más de dos metros recorrer la pista en transición con la velocidad y la coordinación de un base.

Ahí aparece la calidad.

El espectáculo del baloncesto está en hacer posible lo que la mayoría de los jugadores no pueden hacer.

Por eso Michael Jordan, Julius Erving o Kobe Bryant fueron jugadores espectáculo. No porque hicieran mates, sino porque los hacían desde lugares, con una plasticidad, una creatividad y un dominio del cuerpo que parecían desafiar las leyes de la gravedad.

El verdadero jugador espectáculo no realiza una acción llamativa.

Realiza una acción extraordinaria.

La diferencia es enorme.

Porque lo extraordinario nace del talento, de la técnica y de miles de horas de entrenamiento. Lo llamativo, en cambio, muchas veces solo necesita una buena repetición en televisión.

Para mí, el espectáculo en el baloncesto tiene un nombre: calidad.

Y la calidad nunca debería confundirse con el marketing.




Predicando en el Desierto
Miguel A Soto