*** El entrenador puede ser el impulso... o el techo de un jugador ***
Asimismo, considero que una de las responsabilidades más importantes, complejas y menos valoradas de un entrenador es su capacidad para identificar el potencial real de sus jugadores y saber en cuáles merece la pena invertir un trabajo más específico e individualizado de cara al alto rendimiento.
No es una tarea sencilla. Requiere experiencia, conocimiento profundo del baloncesto y una gran capacidad de observación para distinguir entre el rendimiento actual de un jugador y el margen de mejora que puede alcanzar con el tiempo. Un buen entrenador no solo ve lo que un jugador es hoy, sino también lo que puede llegar a ser mañana.
Precisamente por ello, esta labor debería recaer en entrenadores con una sólida formación y una amplia experiencia, capaces de evaluar el talento con criterio, evitando tanto descartar prematuramente a jugadores con gran potencial como generar expectativas poco realistas en aquellos cuyo perfil quizá se adapte mejor a otros niveles de competición.
En resumen "Un gran talento necesita algo más que entrenar: necesita un buen entrenador."
En mis comienzos tuve la enorme suerte de entrenar a las órdenes de un técnico de élite. Por motivos profesionales —era ingeniero— se trasladó durante un par de años a trabajar a mi ciudad y, en su tiempo libre, asumió la dirección del equipo de la Escuela San José-La Salle.
Aquel entrenador no solo nos enseñó con rigor los fundamentos individuales del baloncesto, sino que consiguió algo aún más importante: despertar en nosotros una auténtica pasión por este deporte.
Nos transmitió el gusto por aprender, por mejorar cada día y por entender el baloncesto mucho más allá de los resultados.
Con el paso de los años he comprendido que esa es una de las mayores virtudes que puede tener un entrenador. Enseñar técnica es esencial, pero lograr que un niño o un joven se enamore del baloncesto es un legado que puede acompañarle durante toda la vida.
Miguel A Soto


