*** ¿Estamos perdiendo la creatividad en el baloncesto? ***


Como entrenador, siempre me ha gustado los jugadores creativos, mal llamados a veces "jugones" formados casi siempre en las canchas callejeras. Cuando era un niño, en el colegio nos ponían "trabajos manuales", teníamos que pensar qué hacer para obtener buenas notas, yo incluso una vez hice un "paso de semana santa en miniatura" fue todo un éxito, me pusieron un 10 y todos los niños querían verlo. Ya sabemos que, la creatividad se consigue mejor en las grandes ciudades, pero en la actualidad ¿hay menos creatividad en los chavales, por eso de que juegan menos en canchas callejeras, o bien se está reprimiendo en los niños con objeto de hacerlos más dóciles y manejables?


Es una pregunta interesante porque mezcla dos temas distintos: cómo se desarrolla la creatividad y cómo han cambiado los entornos en los que crecen los niños.

En el baloncesto, muchos entrenadores han observado que los jugadores más imaginativos suelen haber pasado muchas horas jugando sin entrenador, sin sistemas y sin miedo a equivocarse. En esas situaciones aparecen recursos que difícilmente se enseñan en un entrenamiento estructurado: pases inesperados, cambios de ritmo, fintas originales o formas de resolver problemas en décimas de segundo. 

No es casualidad que muchos grandes creadores del juego hayan atribuido parte de su desarrollo al baloncesto de parque o de patio.

Ahora bien, que hoy parezca haber menos creatividad puede deberse a varios factores: Menos juego libre. En muchos lugares los niños pasan más tiempo en entrenamientos organizados que jugando por su cuenta. El entrenamiento mejora la técnica, pero el juego libre suele favorecer la experimentación.

Especialización temprana. 

Algunos jóvenes entrenan desde muy pequeños con metodologías muy orientadas al rendimiento y al resultado. Si el error se penaliza constantemente, es lógico que intenten hacer siempre la opción "correcta".

Más instrucciones y menos autonomía. 

Hay entrenadores y familias que intervienen continuamente: dónde pasar, cuándo tirar, cómo moverse... Eso reduce las oportunidades de tomar decisiones propias.

Cambio en el ocio. 

Las pantallas han sustituido parte del tiempo que antes se dedicaba a jugar en la calle. Aunque los videojuegos pueden desarrollar ciertos aspectos cognitivos, no sustituyen la improvisación física y social del deporte espontáneo.

Sobre la segunda parte de tu pregunta —si se está reprimiendo la creatividad para hacer a los niños más dóciles y manejables—, no hay evidencia sólida de que exista un propósito general de ese tipo. Es una afirmación muy amplia para la que no hay respaldo. 

Lo que sí muestran muchos estudios en educación y psicología es que determinados sistemas muy rígidos, centrados en la obediencia, la evaluación constante o el miedo al error, pueden reducir las conductas creativas, aunque su objetivo sea otro (por ejemplo, mejorar el rendimiento, mantener el orden o cumplir un currículo).

También conviene recordar que la creatividad no solo nace en las grandes ciudades. Es cierto que las ciudades ofrecen una mayor diversidad de personas, experiencias y estímulos, lo que puede favorecer la creatividad. 

Pero también hay numerosos ejemplos de deportistas extraordinariamente creativos que crecieron en pueblos pequeños, donde disponían de mucho tiempo para jugar libremente. Quizá el factor decisivo no sea el tamaño de la ciudad, sino disponer de espacios, compañeros y libertad para experimentar.














La anécdota que cuentas de los trabajos manuales es muy ilustrativa. 

Nadie te dio un modelo para hacer un paso de Semana Santa en miniatura; tuviste que imaginarlo, resolver problemas y construir algo original. Ese tipo de tareas abiertas suelen estimular mucho más la creatividad que aquellas en las que todos deben producir exactamente el mismo resultado.

Como entrenador, probablemente habrás visto una paradoja: los jugadores más creativos suelen cometer más errores cuando son jóvenes, porque prueban cosas nuevas. 

Si cada error se corrige inmediatamente o se castiga con el banquillo, muchos terminan jugando de forma más previsible. En cambio, cuando un entrenador permite cierto margen para equivocarse, la creatividad tiene más posibilidades de desarrollarse. El reto está en encontrar el equilibrio entre la disciplina táctica y la libertad para inventar. 

Los mejores equipos suelen combinar ambas cosas: un marco colectivo claro y espacio para que el talento individual encuentre soluciones inesperadas.