*** La Economía suele marcar el rumbo: el deporte es una industria que mueve miles de millones ***







El seleccionado estadounidense extendió su impresionante invicto a 58 victorias en igual cantidad de partidos y levantó el trofeo por octava edición consecutiva desde la creación del torneo en 2010. ¿Tan superior es EE.UU. en su trabajo con la cantera U17? ¿Es similar a sus universidades y la del resto del mundo, tanto en calidad como en cantidad?

Si te refieres al Copa Mundial FIBA Sub-17 masculino, sí, el dominio de Estados Unidos ha sido extraordinario. Ganar las ocho ediciones disputadas y mantener un récord de 58 victorias consecutivas no es una casualidad, sino el resultado de un ecosistema muy potente.

Las razones principales son:

  1. Una base enorme de jugadores. En EE. UU. cientos de miles de jóvenes practican baloncesto de forma organizada desde edades muy tempranas. Cuantos más jugadores participan, mayor es la probabilidad de encontrar talentos excepcionales.
  2. Competición de altísimo nivel. Antes de llegar a la universidad, los mejores jugadores ya compiten en ligas escolares, circuitos de clubes y torneos nacionales con un nivel muy elevado. Muchos disputan decenas de partidos exigentes cada temporada.
  3. Infraestructura. Instalaciones, entrenadores especializados, preparación física, análisis de vídeo, nutrición y atención médica suelen estar disponibles mucho antes que en la mayoría de países.
  4. Selección de élite. El equipo U17 no representa a un estado o una región, sino a los mejores jugadores de una generación en todo el país. Eso hace que el nivel medio sea altísimo.

Respecto a las universidades, el sistema estadounidense también es singular.

La National Collegiate Athletic Association reúne a cientos de universidades con programas deportivos muy desarrollados. Las mejores cuentan con presupuestos millonarios, pabellones llenos, entrenadores de primer nivel y una competición muy exigente. Para muchos jugadores, la universidad es una etapa de formación casi profesional antes de dar el salto a la National Basketball Association.

En comparación, Europa suele seguir otro modelo. Los mejores jóvenes se forman en las canteras de clubes profesionales como Real Madrid Baloncesto, FC Barcelona Bàsquet o KK Partizan y pueden debutar muy pronto con el primer equipo. Esto produce jugadores con experiencia profesional a edades tempranas, pero la base de practicantes y los recursos están mucho más repartidos y, en general, son menores que en EE. UU.

Paradójicamente, muchos entrenadores consideran que los jugadores europeos llegan mejor preparados tácticamente y con una comprensión más profunda del juego, mientras que los estadounidenses suelen destacar por su capacidad atlética, el uno contra uno y el ritmo de juego. Son dos modelos distintos, ambos capaces de producir grandes jugadores.

Por eso el dominio de EE. UU. en U17 no significa necesariamente que vaya a dominar siempre el baloncesto absoluto. A medida que los jugadores maduran, las diferencias se reducen. En categorías sénior, selecciones como España, Francia, Serbia, Alemania o Canadá han demostrado que pueden competir e incluso derrotar a Estados Unidos en grandes torneos. 

La ventaja estadounidense es enorme en la formación de talento, pero ya no garantiza una superioridad absoluta en la élite internacional.

 










El verdadero negocio estuvo fuera del parqué. Su alianza con Nike lanzó la icónica línea Air Jordan, que hoy factura casi US$6.000 millones anuales y le genera más de US$300 millones en regalías cada año. Además, su venta de participación mayoritaria en los Charlotte Hornets multiplicó por diez su inversión inicial, consolidándolo como un referente de negocios en deportes.

Diversificación y liderazgo patrimonial: Jordan también invierte en Nascar con 23XI Racing, en e-sports con Team Liquid, en apuestas deportivas y en bebidas premium como Cincoro Tequila. Su patrimonio supera ampliamente al de otros grandes del deporte como Tiger Woods, Cristiano Ronaldo y LeBron James, mostrando cómo una marca personal puede convertirse en un imperio global.

Al final, la economía suele marcar el rumbo. Las reglas, el calendario, los fichajes, la televisión y hasta el estilo de juego acaban respondiendo, en mayor o menor medida, a intereses económicos. 

El deporte sigue siendo competición, cultura y pasión, pero también es una industria que mueve miles de millones.

Por eso, muchas decisiones que se presentan como mejoras para el espectáculo o para el juego tienen también una lógica empresarial. Todo lo demás puede ser objeto de debate, pero el dinero suele ser el factor que más condiciona la dirección que toman las grandes competiciones deportivas.