*** ¿hasta qué punto un jugador extraordinario necesita entrenar colectivamente para rendir al máximo? ***
Mi primera reflexión es que ni los entrenamientos son tan imprescindibles como a veces pensamos, ni un jugador puede permitirse vivir permanentemente de su talento.
Hay tres cuestiones que conviene separar:
La técnica individual: un jugador como Kendrick Nunn tiene automatizados miles de gestos. El tiro, los cambios de ritmo, las fintas, las finalizaciones y la lectura de las ventajas no se aprenden de un día para otro. Son años de repetición.
La preparación física y el ritmo competitivo: aquí sí importa entrenar. La condición física, la coordinación con los compañeros y la adaptación a los sistemas necesitan trabajo continuado.
La inteligencia de juego: los grandes jugadores no necesitan que el entrenador les explique cada situación. Reconocen espacios, anticipan movimientos y saben explotar las debilidades del rival.
Por eso, que Nunn pueda hacer 33 puntos habiendo entrenado poco no significa que los entrenamientos no sirvan. Significa que buena parte de su preparación está interiorizada y que su talento le permite resolver situaciones que otros jugadores necesitan trabajar mucho más.
1. Lo que hizo Nunn fue todavía más extraordinario de lo que parece33 puntos.
23 puntos en el último cuarto.
11 de 13 en tiros de campo.
En menos de 24 minutos de juego.
Victoria del Panathinaikos por 112-115, tras prórroga.
Lo más impresionante es que sus 23 puntos en el último cuarto constituyeron un récord histórico de anotación en un cuarto de la Euroliga.
Y hay un matiz importante: Nunn no estaba simplemente descansando de los entrenamientos. Venía de una lesión en el menisco medial de la rodilla derecha y de un periodo de dos o tres meses de inactividad competitiva. No había tenido pretemporada y su primer partido llegó después de medio entrenamiento con el equipo.
Obradović explicó que trabajaba individualmente con entrenadores. Es decir, no había dejado de prepararse: había trabajado fuera de la dinámica colectiva.
2. ¿Entonces para qué sirven los entrenamientos colectivos?Aquí está la distinción que considero fundamental.
Un jugador como Nunn puede entrenar individualmente:
El lanzamiento desde distintas posiciones.
El bote y los cambios de dirección.
Las salidas explosivas.
Las finalizaciones ante defensores.
La repetición de movimientos que ya tiene automatizados.
Pero hay cosas que no puede reproducir completamente solo:
La coordinación con los bloqueadores.
Los automatismos defensivos.
La comunicación en los cambios.
La sincronización de los movimientos ofensivos.
La lectura de las ayudas de sus compañeros.
Ahora bien, hay una particularidad de los jugadores extraordinarios: cuanto mayor es su talento individual, menos dependen de los automatismos colectivos para generar puntos.
Nunn puede recibir el balón, leer al defensor, crear una separación mínima y lanzar. No necesita que toda la maquinaria del equipo funcione perfectamente.
Eso no significa que sea independiente del equipo, sino que puede producir ventajas por sí mismo.
3. ¿Y el Real Madrid defendió poco?Aquí sí hay algo que analizar.
El Real Madrid encajó 115 puntos en 45 minutos, aunque hay que tener en cuenta la prórroga. El partido tuvo un ritmo ofensivo extraordinario y ambos equipos llegaron a 101 puntos en los 40 minutos reglamentarios.
Pero sería injusto atribuirlo todo a una mala defensa madridista.
De hecho, según la crónica de El País, el Madrid consiguió cerrar las vías interiores en el tercer cuarto y llegó a ponerse por delante. En ese tramo Nunn y sus compañeros tuvieron bastantes dificultades para encontrar posiciones cómodas.
El problema fue que Nunn terminó convirtiendo el último cuarto y la prórroga en una exhibición individual. Además, el Madrid afrontó el encuentro sin Campazzo, Maledon, Jantunen, Deck y Garuba.
Jordan tenía una enorme cultura de entrenamiento individual. Era conocido por prolongar las sesiones, trabajar aspectos concretos de su juego y competir intensamente incluso en los entrenamientos colectivos.
No era precisamente un jugador que considerase innecesario entrenar con sus compañeros. Lo que sí tenía era una confianza enorme en su preparación personal.
Y aquí aparece algo que comparten jugadores de esa categoría:
El entrenamiento individual construye al jugador; el entrenamiento colectivo construye al equipo.
Son dos cosas distintas.
Jordan podía trabajar por su cuenta y llegar al partido con sus recursos técnicos perfectamente preparados. Lo mismo sucede con Nunn, aunque cada jugador tiene sus particularidades.
Imagina dos jugadores:
Jugador A: necesita veinte entrenamientos para encontrar el ritmo, comprender las jugadas y sentirse cómodo.
Jugador B: lleva años jugando al máximo nivel, tiene una técnica extraordinaria y necesita muy poco tiempo para recuperar sus sensaciones.
Si ambos disputan un partido, el segundo puede parecer que no necesita entrenar.
Pero si prolongamos la temporada, acumulamos partidos, fatiga, lesiones y exigencias tácticas, probablemente descubramos la importancia de la preparación continuada.
Y hay otro aspecto: no todos los entrenamientos tienen el mismo valor. A veces una sesión individual de calidad puede aportar más a un jugador que dos horas de entrenamiento colectivo en las que apenas participa.
Mi conclusiónCreo que el caso de Nunn demuestra algo que en el deporte profesional a veces olvidamos: no todos los jugadores necesitan la misma cantidad ni el mismo tipo de entrenamiento para alcanzar su máximo rendimiento.
Y te dejo una reflexión que me parece especialmente interesante:
¿No estaremos confundiendo a veces disciplina con presencialidad?
Un jugador puede acudir todos los días al entrenamiento y no mejorar demasiado, mientras otro puede trabajar individualmente, conocer perfectamente su cuerpo, tener una técnica extraordinaria y rendir a un nivel excepcional.
Eso sí, hay una frontera: cuando el jugador necesita integrarse en un sistema complejo, defender colectivamente y responder a las exigencias físicas de una temporada larga, el talento individual ya no lo resuelve todo.
En definitiva, Nunn no demuestra que entrenar sea poco importante. Demuestra que un jugador de élite puede llevar incorporado tanto entrenamiento de años anteriores que, incluso sin apenas sesiones colectivas, sigue siendo capaz de ofrecer una actuación extraordinaria.
Y eso, a mi juicio, es precisamente lo que hace tan fascinante el deporte de máximo nivel.



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