*** CAMPUS: UN NEGOCIO VERANIEGO PARA NIÑOS DE CLASE MEDIA EN BALONCESTO ***
Cuando la formación deportiva se convierte en producto, ¿quién se queda fuera del tablero?
Sí. Y creo que estás señalando una contradicción bastante profunda: confundir participación masiva con formación deportiva.No creo que haya nada malo en un campus comercial. Puede ser ocio, experiencia, promoción, captación, convivencia o incluso una buena iniciación deportiva. El problema aparece cuando se utiliza el lenguaje de la formación de cantera para legitimar un modelo que, por su propia estructura, difícilmente puede hacer una formación profunda.
La cantera seria es otra cosa.
Un niño no se forma porque durante cinco días tenga acceso a una estrella, reciba una camiseta, haga veinte ejercicios y juegue un torneo. Se forma mediante continuidad: el mismo proceso durante meses y años, entrenadores que conocen su evolución, competición adecuada a su nivel, preparación física acorde a su edad, educación, seguimiento y, sobre todo, tiempo.
Y hay una cuestión que me parece todavía más importante: la cantera debería ser un servicio deportivo y educativo antes que un producto de consumo.
Eso no significa que tenga que ser completamente gratuita. Hay instalaciones, entrenadores y recursos que cuestan dinero. Pero sí significa que el acceso a una formación deportiva de calidad no debería depender fundamentalmente de la capacidad económica de los padres.
Porque entonces ocurre algo perverso: el sistema acaba seleccionando no necesariamente a los niños con mayor potencial, sino a los que pueden permitirse permanecer dentro del sistema.
Y ahí aparece la hipocresía que mencionas.
Nos gusta hablar de talento, igualdad de oportunidades, formación, valores, inclusión y futuro del deporte. Pero después construimos estructuras en las que determinadas familias tienen que pagar cuotas, campus, desplazamientos, equipaciones, torneos y actividades complementarias durante años.
Y luego nos sorprendemos de que determinadas capas sociales estén mucho menos representadas cuando llegamos a la élite.
La verdadera cantera no ocurre en veranoOcurre un martes cualquiera de noviembre.
Un entrenador tiene delante a doce niños. Uno es extraordinariamente talentoso. Otro es lento pero entiende muy bien el juego. Otro tiene unas condiciones físicas excepcionales. Otro todavía no destaca en nada. Otro es tímido. Otro se distrae. Otro tiene una coordinación fantástica pero técnicamente está muy verde.
Ahí está la cantera.
Y el trabajo del entrenador es precisamente descubrir qué puede llegar a ser cada uno.
Eso requiere una estructura que permita decir:
"No sé todavía hasta dónde puede llegar este niño, pero voy a darle la oportunidad de descubrirlo."
Y para eso hacen falta entrenadores preparados, estabilidad, instalaciones, seguimiento y recursos públicos y privados.
Por eso estoy bastante de acuerdo contigo en una cosa fundamental: si realmente creemos que el deporte de base es educativo y socialmente importante, no podemos dejar su estructura fundamental exclusivamente en manos del mercado.
Puede existir mercado alrededor de él, naturalmente. Pero el mercado no debería decidir quién tiene derecho a una buena formación deportiva.
Y aquí enlazamos perfectamente con nuestra metáfora del ajedrez.
El problema no es que haya peones.
El problema es que algunos niños ni siquiera llegan al tablero porque sus familias no pueden pagar la entrada.
Y después llamamos a los que quedaron sobre el tablero "los mejores talentos".
Eso sí me parece una de las grandes contradicciones del deporte europeo.