*** Todo es marketing: ¿vivimos del titular? ***
Hay jugadores, tanto en la élite como en categorías amateur, que generan una imagen de estrellas aunque sus porcentajes de tiro, su eficiencia o su impacto real en el juego no sean tan buenos como parece. Si su equipo gana, muchas veces esos detalles pasan desapercibidos. El resultado termina eclipsando el análisis.
Algo parecido sucede con el Draft de la NBA. Ser elegido ya otorga un prestigio inmediato. Parece que el simple hecho de haber sido seleccionado garantiza el talento o el éxito, cuando la realidad demuestra que muchos jugadores nunca llegan a consolidarse, mientras otros que no fueron elegidos terminan haciendo grandes carreras.
Fuera del deporte ocurre algo similar. Existe la idea de que quien estudia en la universidad domina los conocimientos propios de su carrera. Sin embargo, no siempre es así. Hay estudiantes con un título que tienen dificultades para interpretar un texto, argumentar una idea o resolver problemas básicos. El título crea una expectativa que no siempre coincide con la realidad.
Estos ejemplos muestran una misma tendencia: confundimos la etiqueta con la capacidad, el reconocimiento con el rendimiento y el titular con el contenido.
Quizá deberíamos valorar menos la imagen y más los hechos. Porque, al final, lo que realmente define a una persona —sea deportista, estudiante o profesional— no es cómo se presenta, sino lo que demuestra día tras día.
Las etiquetas generan expectativas; el rendimiento demuestra la realidad.
Miguel A Soto
Predicando en el Desierto

