*** EL BALONCESTO ES MÁS EFICIENTE : PERO NO ES MEJOR ***
No necesariamente.
El jugador actual dispone de mejores medios de preparación física, nutrición, recuperación, análisis estadístico y tecnología. Pero eso significa que está mejor preparado para el baloncesto actual, no que sea físicamente superior a los grandes jugadores de los 80 y 90.
¿O alguien piensa que Shaquille O'Neal, David Robinson, Patrick Ewing, Charles Barkley, Hakeem Olajuwon, Karl Malone o Sabonis eran físicamente inferiores a los jugadores actuales?
El baloncesto de los 80 y 90 exigía mucho más en determinados aspectos: contacto, juego interior, defensa individual, juego de espaldas, movimientos de pies, tiro de media distancia, lectura de ayudas, rebote, pase desde posiciones interiores y capacidad para resolver situaciones difíciles sin disponer del espacio que existe actualmente.
Hoy se ha construido un baloncesto extraordinariamente eficiente desde el punto de vista estadístico: más espacio, más triples, más ritmo y una enorme especialización.
Pero eficiencia no es sinónimo de calidad.
Que un triple valga tres puntos no significa que cualquier triple sea mejor que cualquier tiro de dos.
Todo depende del porcentaje de acierto, de la situación y de quién ejecuta la acción.
Y aquí aparece una diferencia fundamental.
Antes, para llegar a la élite, un jugador tenía que acumular una enorme cantidad de recursos técnicos y tácticos.
Hoy el sistema puede hacer extremadamente rentable un repertorio mucho más especializado.
No digo que los jugadores actuales sean malos. Todo lo contrario: son atletas extraordinarios.
Digo que el juego les exige cosas diferentes.
Y cuando modificas las reglas, el espacio, el contacto permitido y las prioridades tácticas, también modificas el tipo de jugador que llega a la cima.
Por eso el Dream Team de 1992 no fue simplemente una colección de grandes nombres. Reunió una generación de jugadores capaces de dominar prácticamente todas las dimensiones del juego.
Jordan. Magic. Bird. Barkley. Malone. Ewing. Robinson. Olajuwon no estuvo, pero había una generación de interiores y exteriores extraordinariamente completa.
Aquella generación tenía recursos para jugar de muchas maneras diferentes.
Y esa es precisamente la cuestión que se pierde cuando confundimos evolución con mejora.
El baloncesto puede evolucionar y, al mismo tiempo, perder determinadas cualidades.
También es legítimo preguntarse hasta qué punto las reglas y el modelo de espectáculo actual están condicionados por la televisión, el marketing, las estadísticas, las redes sociales y el negocio global del deporte.
No hace falta pensar que existe una conspiración para observar algo mucho más sencillo:
El deporte profesional es también un negocio.
Y cuando el negocio adquiere cada vez más peso, determinadas decisiones pueden favorecer el ritmo, la espectacularidad, la anotación, las imágenes virales y el consumo inmediato.
Eso puede hacer el producto más rentable.
Pero nuevamente:
más rentable no significa mejor baloncesto.
Y esta discusión no termina en el baloncesto.
Vivimos en una época en la que hemos avanzado enormemente en tecnología, comunicación, seguridad, marketing y capacidad de producir y distribuir entretenimiento. Pero también podemos preguntarnos qué estamos perdiendo por el camino: cultura, pensamiento crítico, profundidad, paciencia, oficio y capacidad para cuestionar aquello que se nos presenta como inevitable.
Quizá el problema no sea que hayamos evolucionado demasiado.
Quizá sea que hemos empezado a confundir progreso con cualquier cambio que produzca más rendimiento, más consumo o más dinero.
Y en baloncesto ocurre exactamente lo mismo.
Los jugadores pueden ser mejores atletas.
El juego puede ser más eficiente.
El espectáculo puede ser más rentable.
Y aun así, podemos preferir el baloncesto de los 80 y 90 porque exigía algo que hoy parece cada vez más escaso:
más recursos, más variedad, más dureza y más talento para resolver problemas.
Eso, para mí, es la diferencia entre hacer que algo funcione mejor y hacer que algo sea mejor.