*** La jaula de gallos contra los guerreros del caos ***
El Efes es una jaula de gallos. El Barça, un equipo de guerreros. Y el escenario fue el baloncesto del caos.
El Efes tiene talento de sobra: Mike James, Šarić, Strazel y una colección de jugadores acostumbrados a tener protagonismo y capacidad para decidir. Salió al Palau como un vendaval y se puso 4-19. Durante unos minutos parecía tener el partido controlado.
Pero demasiados gallos necesitan una jerarquía.
Porque todos pueden generar, todos pueden anotar y todos están acostumbrados a asumir responsabilidades. La cuestión es otra: ¿quién manda cuando llega el minuto 37 y el partido está en llamas?
Mike James tiene talento y experiencia para ser ese jugador. Šarić puede castigar por dentro. Strazel puede acelerar el partido. Pero si todos quieren imponer su ritmo, el talento puede terminar convertido en ruido.
Y entonces apareció el Barça.
No necesitó una gran estrella que rescatara el partido. Necesitó energía, físico, presión y jugadores dispuestos a pelear cada posesión. Brizuela encendió la remontada, Punter apareció cuando debía hacerlo, Robinson clavó un triple decisivo y Balcerowski puso músculo atrás.
No hubo un salvador. Hubo guerreros.
El Barça convirtió el partido en aquello que parece querer ser esta temporada: un equipo incómodo, veloz, físico y dispuesto a vivir en el baloncesto del caos.
Y aquí está lo interesante.
El caos puede ser una virtud si sabes vivir dentro de él. Pero también puede convertirse en desorden si no tienes una jerarquía clara.
Ayer el Barça pareció aceptar el caos como identidad.
El Efes, en cambio, pareció dejarse arrastrar por él.
Y teniendo en cuenta la plantilla turca, quizá ahí estuvo uno de sus grandes errores. ¿Por qué jugar permanentemente a la carrera contra un Barça que parece construido precisamente para eso? ¿Por qué no utilizar más el tamaño, la experiencia y el talento interior de Šarić? ¿Por qué no obligar al partido a jugarse a otro ritmo?
Laso tiene ahora una tarea apasionante: convertir esa jaula de gallos en un equipo.
Porque para ganar partidos basta muchas veces con el talento.
Para ganar una Euroliga hace falta algo más.
Hace falta saber quién manda, quién espera y quién lucha por el compañero.
El Barça, en su primera noche europea, pareció tenerlo claro.
La jaula de gallos tenía más nombres.
El equipo de guerreros tenía más identidad.
Y cuando el partido se convirtió en puro baloncesto del caos, la identidad terminó imponiéndose al talento.
Predicando en el Desierto
Miguel A Soto
