FUE HISTORIA - 1978 RANDY SMITH: el All-Star que no parecía un All-Star ***
Y luego estaba Randy Smith.
Antes de convertirse en estrella profesional, Smith era simplemente un atleta extraordinario de Buffalo State. Jugaba al baloncesto, competía en atletismo y también destacaba en soccer. En la universidad llegó a ser All-American en los tres deportes.
En atletismo, incluso llegó a establecer un récord de la NCAA en triple salto.
Pero sería con una pelota de baloncesto entre las manos donde acabaría encontrando su destino.
EL CHICO QUE NADIE ESTABA ESPERANDO
En 1971, los Buffalo Braves lo eligieron en la séptima ronda del Draft.
No era una elección destinada a cambiar una franquicia.
Era, en realidad, una apuesta.
Smith tenía talento, velocidad y una capacidad atlética extraordinaria, pero no tenía el físico de las grandes estrellas de su época. Medía alrededor de 1,90 metros y pesaba unos 81 kilos.
Parecía demasiado pequeño.
Demasiado ligero.
Demasiado anónimo.
Y precisamente por eso quizá nadie imaginaba lo que iba a ocurrir.
Smith empezó a mejorar año tras año.
Y de repente, aquel jugador elegido casi al final del Draft comenzó a convertirse en uno de los mejores exteriores de la liga.
Y ENTONCES LLEGÓ 1976
En la temporada 1975-76, Randy Smith explotó.
Promedió más de 20 puntos por partido, fue seleccionado para su primer All-Star Game y terminó incluido en el Segundo Quinteto All-NBA.
Ya no era un jugador de fondo de plantilla.
Ya no era una apuesta.
Era una estrella.
Pero lo verdaderamente extraordinario todavía estaba por llegar.
EL “IRON MAN”
Hay una parte de su historia que hoy resulta casi imposible de imaginar.
Entre 1972 y 1982, Randy Smith no se perdió ni un solo partido de temporada regular.
Diez temporadas completas.
82 partidos por temporada.
820 partidos consecutivos.
Por eso recibió un apodo que parecía hecho para él:
“Iron Man”.
No necesitaba descansar.
No necesitaba desaparecer durante semanas.
Simplemente estaba allí.
Partido tras partido.
Noche tras noche.
Durante una década.
Pero el momento que convirtió su historia en leyenda ocurrió en Atlanta.
5 DE FEBRERO DE 1978
El All-Star Game de 1978 se disputaba en The Omni de Atlanta.
En el Este estaban algunos de los nombres más importantes del baloncesto de aquella época: Julius Erving, George Gervin, Dave Cowens, Elvin Hayes…
Y Randy Smith.
Desde el banquillo.
El Este llegó al último cuarto por detrás.
Parecía que el Oeste tenía el partido controlado.
Entonces Smith decidió que aquella tarde iba a ser suya.
En el último cuarto anotó 14 puntos.
Y lo hizo de una manera espectacular: llegó a encadenar 12 puntos consecutivos, convirtiéndose en el motor de una remontada que parecía improbable.
Terminó con 27 puntos, lanzando 11 de 14 en tiros de campo.
El Este ganó 133-125.
Y cuando terminó el partido, ocurrió algo que nadie habría escrito antes de comenzar.
El MVP era…
Randy Smith.
Un jugador elegido en séptima ronda.
Un atleta que había llegado a la universidad destacando en tres deportes.
Un guard de 1,90.
Un tipo que durante años había sido más conocido por su resistencia y su velocidad que por su fama.
Ahora tenía el trofeo de MVP del All-Star entre las manos.
Y había derrotado a una constelación de estrellas para conseguirlo.
EL HOMBRE QUE NUNCA DEJÓ DE CORRER
Randy Smith terminó jugando 12 temporadas en la NBA y 976 partidos, con 16,7 puntos y 4,6 asistencias de promedio en su carrera.
Con los Buffalo Braves —la franquicia que posteriormente se convertiría en los Clippers— se convirtió en una de las grandes figuras de la historia del equipo.
Sus 12.735 puntos siguen colocándolo como el máximo anotador histórico de la franquicia.
Pero quizá su legado más bonito no esté en una estadística.
Está en la imagen de aquel jugador aparentemente secundario entrando en el último cuarto del All-Star de 1978…
…y convirtiéndose, durante unos minutos, en el mejor jugador de todos ellos.
Porque Randy Smith nunca fue el jugador que parecía destinado a ser una estrella.
Fue la estrella que nadie vio venir.
Y por eso…
