*** El talento necesita más que entrenamiento ***

Una de las grandes diferencias entre el jugador de cantera que entrena en equipos de aficionados y de un club de ACB, no solo está en la cantidad de horas que dedica al baloncesto, sino en la alimentación que recibe unos y otros, fundamental si queremos hacer un atleta de un jugador, cosa que a veces pasa desapercibida. Esto me recuerda cuando estuve en el ejército, las comidas que tenía la tropa, nada tenía que ver con la de los marines de la Base Naval de Rota. Luego, hablamos de fuerza, velocidad, salto, atletismo etc., y olvidamos detalles tan importante como la manutención.

Exactamente. Y creo que estás señalando un aspecto que suele quedar muy por detrás del entrenamiento, la táctica o el talento, cuando en realidad forma parte de la construcción del deportista.

Un jugador no se convierte en atleta solamente levantando pesas, haciendo sprints y saltando. También hay que darle el combustible y las condiciones para que su organismo pueda adaptarse a ese entrenamiento.

La diferencia entre un chico que entrena tres días por semana en un equipo amateur y otro que pertenece a una estructura ACB puede ser enorme:

  • horas y calidad del entrenamiento;
  • preparación física individualizada;
  • descanso y recuperación;
  • seguimiento médico;
  • fisioterapia;
  • alimentación adecuada a su edad y carga de entrenamiento;
  • control de hidratación;
  • educación nutricional;
  • y, sobre todo, continuidad durante años.

Y tu comparación con el Ejército me parece muy gráfica. No hace falta que las dos comidas sean "malas" para que exista una diferencia: cuando una organización quiere obtener un determinado rendimiento físico de su personal, la alimentación deja de ser simplemente manutención y pasa a formar parte del entrenamiento.

En baloncesto sucede exactamente lo mismo. Un chico de 17-18 años que está creciendo y, además, entrena como un deportista de alto rendimiento no tiene las mismas necesidades que otro adolescente que juega por afición. Proteínas, hidratos, grasas, micronutrientes, hidratación y distribución de las comidas alrededor del entrenamiento pueden condicionar recuperación, composición corporal y capacidad para entrenar de nuevo.

Y aquí enlazamos perfectamente con lo que veníamos hablando del jugador español.

Si queremos que un joven español pueda competir físicamente con jugadores que llegan de estructuras profesionales estadounidenses, francesas, balcánicas, etc., no basta con decirle que tiene que entrenar más. Hay que preguntarse si desde los 14, 15, 16 años le estamos proporcionando un auténtico entorno de alto rendimiento.

Porque podemos encontrarnos con una paradoja:

Pedimos al jugador español que sea un atleta profesional, pero durante buena parte de su formación lo tratamos como a un aficionado.

Y después, cuando llega a los 20 años y aparece un jugador extranjero físicamente más desarrollado, nos preguntamos por qué uno está preparado para el baloncesto profesional y el otro todavía necesita dos o tres años.

Además, hay algo importante: la alimentación por sí sola no "fabrica" un atleta. La genética, la maduración biológica, el entrenamiento, el sueño y muchos otros factores cuentan muchísimo. Pero una mala alimentación sí puede convertirse en un freno que impida expresar todo ese potencial.

Tu observación, por tanto, abre otra dimensión del debate: la cantera no debería medirse solamente por cuántas horas entrena un niño, sino por la calidad integral del entorno en el que se desarrolla.

Y eso me parece incluso más interesante que la discusión sobre cuántos extranjeros llegan de la G League. Porque quizá la pregunta de fondo sea:

¿Estamos formando jugadores españoles de alto rendimiento o simplemente formando buenos jugadores de baloncesto y esperando que, al llegar a profesionales, se conviertan mágicamente en atletas?