*** 2035 - IA O HUMANOS: La elección del futuro ***
Planteas varias tendencias que podrían estar relacionadas, pero conviene separar cuáles están bien respaldadas y cuáles son más especulativas.
Hay algunas observaciones que sí tienen bastante apoyo:
- Los salarios de las superestrellas del deporte estadounidense (NBA, NFL, MLB) han crecido de forma extraordinaria durante décadas porque esos mercados venden entretenimiento a una audiencia global y generan enormes ingresos audiovisuales y comerciales.
- Europa ha tenido en los últimos años un crecimiento salarial real muy débil en varios países, especialmente tras el fuerte episodio inflacionario de 2022-2023. Eso no significa que todos los países hayan seguido exactamente la misma trayectoria, pero sí que la sensación de pérdida de poder adquisitivo ha sido generalizada.
- Europa envejece, mientras que Estados Unidos mantiene un crecimiento demográfico más dinámico gracias a una mayor natalidad relativa y a la inmigración.
La parte más incierta es la conexión con la IA y el deporte.
Si la IA reduce el empleo, ¿habrá más aficionados al deporte?Es posible, pero no es inevitable.
Podrían ocurrir varias cosas:
- Si mucha gente trabaja menos horas pero mantiene ingresos (por ejemplo mediante una semana laboral más corta o una renta derivada del aumento de productividad), probablemente aumentaría el consumo de ocio: deporte, videojuegos, cine, música...
- Si, por el contrario, la IA genera desempleo y pérdida de ingresos, la gente tendría más tiempo libre pero menos dinero para consumir ese ocio. Verían más contenido gratuito y menos entradas, menos merchandising y menos suscripciones.
Es decir, más tiempo libre no implica automáticamente más negocio deportivo.
¿Qué ocurriría en una Europa más pobre y envejecida?Aquí sí puede haber consecuencias interesantes.
Un continente envejecido suele consumir deporte de forma distinta:
- menos práctica deportiva competitiva;
- menor número de niños en categorías inferiores;
- menos talento potencial simplemente porque nacen menos jóvenes;
- menor inversión privada si la economía crece poco.
Eso no significa que desaparezca el deporte europeo. De hecho, el fútbol europeo sigue siendo una enorme industria. Pero podría perder peso relativo frente a mercados con más crecimiento demográfico y económico.
¿Llegar a la NBA sería aún más difícil?Curiosamente, podría suceder una paradoja.
Por un lado, la competencia mundial sería brutal.
Hoy la NBA ya recluta jugadores de:
- Europa.
- África.
- Australia.
- Canadá.
- Latinoamérica.
- Asia (cada vez más).
Si además la IA mejora el entrenamiento mediante análisis biomecánicos, nutrición personalizada, simulaciones y detección temprana del talento, el nivel medio de los mejores jóvenes probablemente aumentará.
Eso haría que el umbral para entrar en la NBA fuese todavía más alto.
Pero también habría más oportunidadesLa misma tecnología podría democratizar parte del entrenamiento.
Un chico de un pueblo pequeño podría disponer de:
- análisis automático de vídeo;
- entrenadores virtuales;
- programas personalizados;
- simulaciones tácticas;
- seguimiento biométrico barato.
Hace veinte años eso sólo lo tenían las grandes academias.
Así que habría más competencia, pero también mejores herramientas para desarrollarla.
El verdadero cuello de botella seguiría siendo biológicoHay algo que la IA difícilmente puede cambiar.
La NBA no busca simplemente a los mejores jugadores de baloncesto.
Busca personas que combinan:
- 1,95-2,20 m de altura (según posición);
- coordinación extraordinaria;
- velocidad;
- explosividad;
- inteligencia táctica;
- resistencia mental;
- salud para soportar años de competición.
Esa combinación ya es extremadamente rara.
Si antes uno entre cien mil podía aspirar, quizá en el futuro sea uno entre varios cientos de miles porque el nivel técnico medio será mayor.
¿Podrían dispararse aún más los salarios de las estrellas?Sí, y esto es una tendencia interesante de la economía moderna.
La IA puede sustituir muchos trabajos rutinarios, pero también puede aumentar el valor de quienes son prácticamente insustituibles.
En economía se habla a veces de mercados de "superestrellas": un cantante, un actor o un jugador puede entretener simultáneamente a cientos de millones de personas gracias al streaming y a las plataformas digitales. Si el pastel global sigue creciendo, las rentas pueden concentrarse aún más en unos pocos.
Es posible que en 2040 o 2050 veamos una mayor desigualdad entre:
- una élite mundial de deportistas y artistas con ingresos enormes;
- una clase media con ingresos estancados;
- y una parte de la población que dependa de nuevas formas de redisución o de empleos muy distintos a los actuales.
No obstante, ese escenario no está determinado. También dependerá de las políticas públicas, de cómo se repartan las ganancias de productividad de la IA, de la inmigración, de la educación y del crecimiento económico. La tecnología por sí sola no fija el resultado; las instituciones y las decisiones sociales también influirán mucho en cómo evolucione Europa durante las próximas décadas.
El problema del pobre no es ser pobre, sino no tener tiempo para pensar en otras cosas. Si un animal no tiene para comer se vuelve agresivo. No todo en el futuro con la IA parece color de rosa. Las élite tendrán un día que elegir entre la IA o los humanos no les queda otra.
Lo que planteas refleja una preocupación que comparten economistas, filósofos y expertos en IA: no tanto que la IA sea "buena" o "mala", sino cómo se distribuyen sus beneficios y sus costes.
Hay una idea muy conocida en psicología y economía: cuando una persona vive con una gran inseguridad económica, gran parte de su energía mental se dedica a resolver problemas inmediatos (llegar a fin de mes, encontrar trabajo, pagar el alquiler...). Eso deja menos capacidad para planificar a largo plazo, formarse o emprender proyectos personales. En ese sentido, la pobreza puede limitar el tiempo y el espacio mental para pensar en otras cosas.
Respecto a la analogía con los animales, hay un paralelismo parcial. Tanto en animales como en humanos, la escasez y el estrés pueden aumentar la agresividad o los conflictos. Sin embargo, las personas también están influidas por instituciones, normas sociales, educación y apoyo comunitario, por lo que la respuesta humana es mucho más diversa. La pobreza no conduce inevitablemente a la violencia, aunque sí puede aumentar el riesgo de tensiones sociales si se combina con desigualdad y falta de oportunidades.
Sobre la IA, el escenario tampoco está escrito de antemano. Existen, al menos, tres posibilidades:
- La IA complementa a los trabajadores, aumenta la productividad y se crean nuevas ocupaciones, como ocurrió con otras revoluciones tecnológicas, aunque con un periodo de adaptación.
- La IA sustituye muchos empleos, pero la sociedad redistribuye parte de esa riqueza mediante nuevas políticas, reducción de la jornada laboral o cambios en el sistema de protección social.
- La IA concentra la riqueza y el poder, de modo que una minoría controla gran parte de la producción mientras una parte importante de la población pierde poder económico. Este es el escenario que más preocupa a muchos analistas.
Cuando dices que "las élites tendrán que elegir entre la IA o los humanos", quizá la cuestión pueda formularse de otra manera. Si una economía depende también de consumidores, contribuyentes y estabilidad social, sustituir masivamente a las personas sin ofrecer nuevas formas de participación económica puede generar problemas para todos, incluidas las empresas y quienes concentran el capital.
Una sociedad con millones de personas sin ingresos suficientes consume menos, recauda menos impuestos y suele ser más inestable.
Por eso, el verdadero debate probablemente no sea IA o humanos, sino qué papel tendrán los humanos en una economía donde la IA haga una parte creciente del trabajo. Las decisiones sobre educación, propiedad de la tecnología, fiscalidad y distribución de los beneficios serán tan importantes como los propios avances técnicos.
En definitiva, tu preocupación apunta a una cuestión de fondo: si la productividad aumenta muchísimo gracias a la IA, ¿esa riqueza se repartirá de forma amplia o se concentrará en muy pocas manos?
Esa es una de las grandes preguntas económicas y políticas de las próximas décadas, y hoy no existe una respuesta definitiva.
